¡Hacia dónde vamos los cristianos!

 

Proverbios 29:18. NTV Cuando la gente no acepta la dirección divina, se desenfrena. Pero el que obedece la ley es alegre.
NVI Donde no hay visión, el pueblo se extravía; ¡dichosos los que son obedientes a la ley!
Habacuc 2:2 Y el Señor me respondió: «Escribe la visión, y haz que resalte claramente en las tablillas, para que pueda leerse de corrido.
NTV Entonces el Señor me dijo: «Escribe mi respuesta con claridad en tablas, para que un corredor pueda llevar a otros el mensaje sin error.
TLA Y Dios me respondió: «Voy a darte a conocer lo que está por suceder. Escríbelo en unas tablas, para que se lea de corrido.
Es bien conocido que cuando no hay visión, las personas se extravían, cuando no se sabe lo que se quiere, no se pelea por nada, cuando no se ha escuchado lo que Dios quiere, pues no se hace, se pierde el tiempo haciendo vanidades, de ahí el dicho, “el tiempo perdido hasta los santos lo lloran”. Pero cuando se sabe hacia a donde se va, y cuando se sabe lo que se quiere, entonces se camina en esa dirección, y se pelea con todas las fuerzas y perseverancia hasta alcanzarlo.
Hoy en día, muchas personas carecen de estas cosas, porque no han sido instruidos en sus hogares en la visión de Dios desde pequeños, y porque tampoco leen, la Biblia, entonces son ignorantes de la voluntad de Dios. Por esto es que hago esta prédica como un recordatorio de: ¡Hacia dónde vamos los cristianos!
Para comenzar debo comparar, la vida de los patriarcas y el pueblo de Israel, para conocer nuestro viaje, el de ellos fue físico, el de nosotros es espiritual, pero también físico, de cierta manera.
Abraham debía recorrer una tierra, caminaría solo con la dirección de Dios, a donde se la mostrase. En la vida de Abraham, en Génesis 12, vemos que, en esa tierra a donde Dios le iba llevando, era solitaria, entonces Abraham podía adorar, pero en la que Dios no le mostraba, solo tenía problemas y no podía adorar. Su padre Taré, “el que se retrasa”, dice Génesis 11 que salió de Ur, (Luz) una ciudad idolatra, a la que encendía muchas antorchas de adoración, y todo se iluminaba, de ahí su nombre, con su hijo Abram, Saraí, Lot, y sus cosas, hacia Canaán, pero no podía irse por el camino más corto que era caminar al este a occidente, e ir bajando u poco hacia el sur, porque hay un desierto, de modo que tienen que recorrer, 960 kilómetros en dirección hacia al norte, llegaron a Harán, cuyo significado es “producir de la nada” porque Dios hizo al hombre de la nada, Harán fue hermano de Abraham, e hijo de Taré. Cuando Llegaron a Harán bajo la dirección de Taré, allí se quedó Taré y murió de 205 años.
Dios le dice a Abram, que se marche con su mujer, Abram obedece y también se lleva sus cosas, sirvientes y a su sobrino Lot, camina sin parar 700 kilómetros al sur, hacia Canaán, y llega a Siquém, que significa “Hombro”. Desde Ur, a Harán, a Siquém, Abraham había recorrido unos 1660 kilómetros. Allí en Siquém pudo adorar, había llegado a la tierra prometida, luego camina más hacia el sur, a Betel, allí también pudo adorar y se estableció un tiempo, pero como suponen, había hambre, entonces el caminó más al sur, y llega al Néguev, allí ya está en el desierto, baja más a Egipto, que significa, “La tierra negra del Espíritu mágico de Ptah, al que le decían el verbo de dios”, de allí el nombre de Egipto. Ptah se le conocía como: Señor de la Magia”, “Señor de la Oscuridad”, “Señor de la Verdad”, “el del hermoso rostro”, “Señor de las Serpientes y de los Peces”, “El Creador”, soberano de todos los dioses al haber creado el mundo a través de la palabra. También se ha sugerido que la palabra es una corrupción de la frase egipcia ḥwt-k3-ptḥ, que significa ‘casa del espíritu (ka) de Ptah’. escrito Hikuptah en las 351 Cartas de Amarna.
Ciertamente allí en Egipto, Abraham (símbolo de los escogidos de Dios) no pudo adorar al único Dios vivo y verdadero, dándonos a entender que la adoración al dios Ptah, es a un falso dios, Jeremías 23:16: 16 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan: os hacen desvanecer, hablan visión de su corazón, no de la boca de Jehová. En Egipto, el Faraón, (símbolo de los reprobados) para quedar bien con Abraham, le da muchas posesiones, porque le quita Saraí, para que fuese una de sus esposas, pero cuando Dios lo enferma y también a su familia, manda a llamar a Abram, lo increpa, y lo expulsa de Egipto. Con esto podemos ver que Abram, no se quería ir de Egipto, por alguna seguridad que ahí tenía, sin embargo, la en aquel lugar, no pudo adorar, se regresa a la zona montañosa de Betel, y se queda nuevamente entre Betel, “Casa de Dios” y la ciudad de Hai, que significa “ruina”. La Biblia registra que allí pudo adorar por tercera vez. (Así nos pasa a los amados de Cristo, que somos símbolo de los escogidos de Dios)
Dios le revela que toda esa tierra en donde estaba Abraham, se la dará a su descendencia que será grande, y que un hijo suyo, será el heredero de su bendición, así como su remanente que serán los que actúen como él, por la fe, o con la fe de Abraham, más no son contados como hijos todos sus descendientes, sino que, solo son contados como herederos de las promesas que Dios dio a Abraham, únicamente el remanente que camine por la fe al igual que Abraham, que caminó con la fe en Dios.
Dios hace un pacto con Abraham, que le dará toda esa tierra a él y a su descendencia, pero que sus descendientes estarán por 400 años siendo esclavos en Egipto, (semejanza de nuestra vida antes de Cristo) pero que Dios los traería a la tierra prometida, (a la vida espiritual en dependencia de Cristo) pero tendría que pelear con los cananeos, los derrotaría y se quedarían establecidos, (significa que tendremos que pelear contra nuestros enemigos, la carne, el mundo y Satanás). Esto es visión, hacia donde se llegará, esta es la que se transmite a la descendencia de Abraham, allí tenemos un panorama bien claro, de la visión, ir hacia donde Dios nos diga, y que, por cierto, ya está escrito todo en la Biblia, y la misión, ir y hacer todo para conquistar la tierra prometida que es Cristo Jesús.
Debemos comparar nuestro caminar con el de Abraham, e Israel. Además, como errantes hasta que Dios nos dice a donde ir, nos muestra la tierra prometida, en nuestro caso es la vida de Cristo en nosotros y la gloria celestial si perseveramos en esa vida. Pero debemos tomar en cuenta que solo podemos adorar en el monte santo, en Betel, en el Sinaí, en el monte de los olivos, cuando estamos en casa de Dios, pero cuando bajamos a Egipto, no podemos adorar, solo tendremos problemas. Debemos marcharnos de Egipto, y buscar nuestro lugar de adoración, cuanto antes debemos salir de Egipto si tan solo metimos una mano, un pie o una pierna, y escapar, por esto la Biblia nos previene en Apocalipsis 18:4-5. Y oí otra voz del cielo que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no participéis de sus pecados y para que no recibáis de sus plagas; 5porque sus pecados se han amontonado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus iniquidades.…
Génesis 15:17 NTV Después de que el sol se puso y cayó la oscuridad, Abram vio un horno humeante y una antorcha ardiente que pasaban entre las mitades de los animales muertos.
Aunque ya vamos caminando bajo la nube, todos participamos de Cristo, porque participamos de la nube, del maná, y del Agua sacada de la roca espiritual, que es Cristo, a la vez debemos pelear contra la idolatría y la desobediencia, pero todos bebimos de la misma agua, comimos del mismo pan, y caminamos bajo la misma nube, pero no todos le creen de verdad a Dios, de manera que, acá tenemos una visión clara hacia dónde vamos: y es hacia la tierra prometida, hacia un estado mejor con Dios aquí en la tierra, vamos a guardarnos para Cristo, vamos a perseverar, vamos a querer estar bien con Dios, vamos a agradarlo, sin volver a ver hacia atrás como la esposa de Lot, vamos a ser ofrendas santas para Dios, aunque vamos en el desierto, nos guía un horno de fuego, que nos purifica en el desierto, y una antorcha de luz verdadera que es la de Cristo Jesús. Estamos participando del bautizo de Cristo, para entrar a su tierra prometida, vamos peleando contra gigantes, y para triunfar debemos tener los brazos levantados mientras peleamos, debemos estar en oración constante a Dios, y así prevalecemos sobre nuestros enemigos, igual que cuando Moisés, cuando levantaba las manos para orar, Israel prevalecía, cuando se cansaba y las bajaba, sus enemigos tendía a ganar, entonces le levantaron los brazos entre dos personas, y al final, Israel ganó la batalla.
Debemos orar y pedir la visión para no extraviarnos, debemos trabajar para Dios, hacer todo para la gloria de Dios y como para Dios, debemos apartarnos del mundo todo cuanto podamos, pero a la vez debemos estar adentro para dar testimonio de la vida de Cristo. Vamos hacia un estado de purificación, este era el principio por el cual Abraham levantaba un altar, ya que después de caminar desde Harán, desde el desierto, o desde Egipto, significaba una purificación de su vida anterior, es lo mismo con Cristo, adorarlo significa, reconocer que él es mi luz, mi antorcha, mi horno, mi Dios y mi todo, yo vengo a buscarlo para que me limpie y porque él quiere limpiarme, y a reconocer que él es un Dios grande, soberano y todo poderoso, el verdadero Dios, el verbo de Dios.
Vamos a levantar todo lo que signifique, engrandecer su reino, vamos a estar cerca de él, para reflejar su amor, para ser su brazo de acción misericordiosa. Vamos hacia su visión, a traerle almas, para lograr todo esto, debemos estar completamente, al cien por ciento, dedicados a Jesucristo, vamos a ser compañerismo con él, vamos a adorarlo, a servirlo, a evangelizar, a bautizarnos, y tomar de su santa cena, para participar con él de todo, y también de sus padecimientos para así también vivir de su vida de resurrección. Somos uno solo con Jesucristo, él es nuestro amado, nuestro redentor, salvador, sabiduría, justicia, él es nuestra vida. Vamos a rendirle frutos, vamos a hacer cosas tangibles para él, no nos avergonzamos de Cristo, y él no se avergüenza de nosotros ante el Padre, somos sus hijos y lo representamos, vamos a ir a hacer el bien al pobre, al enfermo, al necesitado, al preso, al que no tiene a nadie, allí vamos.
Vamos a orar.
Gracias Jesús, gracias Padre celestial, y gracias Espíritu Santo de Dios, por amarme, por decirme hacia a donde voy, voy a ser uno solo contigo, a estar fundido contigo para siempre desde acá en la tierra, y después allá en el cielo, cuando no hay oportunidades, tu eres mi oportunidad, y la mejor de todas, me siento orgulloso de ti, de tu vida, de tu amor, de quién eres. Ayúdanos a hacer todas las cosas para ti, mientras nos prestas vida, ayúdanos a rendirte frutos y honores, que todo sea en Espíritu y en verdad, para tu gloria, para engrandecer tu hermoso y maravilloso reino que nosotros representamos aquí en la tierra. En el nombre de Jesús, amen y amén.