¡Cree y espera las promesas de Dios!

y debido a su gloria y excelencia, nos ha dado grandes y preciosas promesas. Estas promesas hacen posible que ustedes participen de la naturaleza divina y escapen de la corrupción del mundo, causada por los deseos humanos. 2 Pedro 1:4 NTV

TLA, Además, nos ha dado todas las cosas importantes y valiosas que nos prometió. Por medio de ellas, ustedes podrán ser como Dios y no como la gente pecadora de este mundo, porque los malos deseos de esa gente destruyen a los demás.
Quizá muy pocos se preguntan: ¿y porque tenemos promesas de Dios? ¿Por qué hay promesas y como vinieron? ¿Quién dio esas promesas y como se establecieron sus condiciones? ¿Ya se cumplieron todas?
Y la respuesta es bien sencilla, las promesas provienen de Dio. Las hizo Dios para bendecirnos con su gracia desde antes de la caída del hombre en pecado como lo fue la caída de Adán, y aún después de la caída del hombre. Las promesas que Dios dio después de la caída, vinieron a razón de los pactos que Dios dio, con el hombre. Esta es la razón por la que vinieron de parte de Dios sus promesas, que son desde antes de la caída cuando Dios puso al hombre en el Jardín del Edén, y después de la caída. Aún no se han cumplido todas las promesas de Dios, hay muchas que, sí, ya se cumplieron para los tiempos antiguos, pero la mayoría de las promesas de Dios para nuestros tiempos, aun no se han cumplido.
Dios dio cada promesa, y también dio sus condiciones en sus pactos. Para entenderlo mejor, diré que hay tratos en nuestras familias, por ejemplo, cuando una madre, o un padre de familia, le dice a su hijo: “sí tú haces aquello, yo haré esto”, “yo haré esto, pero tú harás aquello”, o, “yo lo haré por ti, sin pedirte que tu hagas nada porque yo haré, y te daré todo para que lo hagas bien”. Cuando una empresa, o gobierno, se compromete a hacer algo, pero también demanda que la otra parte haga algo, es un pacto de una forma, pero cuando la empresa o gobierno, lo hace todo, porque suple las condiciones que harán trabajar a los demás para que estos progresen, esto es un trato, esto se llama pacto.
Dios ha dado cada promesa que está en la Biblia, cada vez que hizo un pacto con el hombre. Hay pactos bilaterales y hay pactos unilaterales. Los bilaterales son aquellos en donde dos partes se comprometen a hacer algo, y ponen las condiciones, pero con los unilaterales el más poderoso impone sus condiciones, y aunque se compromete a hacer todo lo de las dos partes, lo hace todo simplemente para beneficiar a la otra parte, pero también demanda alguna cosa, aunque sea mínima, y la escribe en el contrato. Un pacto es un acuerdo entre dos o más personas. Este concepto identifica varios acuerdos contractuales descritos en la Biblia.
Un pacto es fácil de describir más no fácil de definir, puesto que se aplica a diferentes tipos de pactos registrados en la Biblia. En ella vemos que hay varios pactos con promesas que Dios hizo con el hombre, pero la definición de cada pacto es diferente entre uno y otro. No hay de qué preocuparse de lo que nos toca hacer, porque en la Biblia está registrado todo muy claramente.
Los pactos que son bilaterales en la Biblia, son entre dos partes que mutuamente acuerdan, tal como el pacto entre Abraham y Abimelec (Génesis 21:27) y el pacto entre David y Jonatán (1 Samuel 20:8,18). Se podría dar otros ejemplos de pactos bilaterales, pero con estos dos ejemplos queda claro que la palabra “pacto” puede representar un convenio ente dos o más personas.
Pero los pactos de Dios con el hombre, descansan en las enseñanzas claras de Dios, expuestas en la Biblia, a las cuales también llamamos, el consejo de Dios, lo que Dios, ha prometido y establecido como decretos eternos que promete que cumplirá. Según estas enseñanzas de la Biblia existe una sola religión, revelada por Dios que el hombre haría, la Biblia expone ese trato de Dios con el hombre como una obra externa de su consejo eternal, por medio del cual, entre la Trinidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo, pactaron redimir a los electos, esto se llama el pacto de redención y comenzó después de la caída.
EL PACTO DE GRACIA DEFINIDO.
En la teología del pacto toda la historia después de la caída del hombre en pecado es vista como una obra progresiva del pacto de Gracia de Dios (Tito. 1:2). Desde la primera promesa a Adán después de la caída y a través de la historia hasta los últimos días, Dios ordena todas las cosas para lograr su propósito de redimir para sí mismo a su pueblo.
Habíamos dicho que, según la Biblia y sus enseñanzas, existe una sola religión, revelada por Dios que el hombre debió hacer en el pasado y deberá hacer con cada uno de sus pactos. La práctica de esta religión revelada en la Biblia, consiste en tres cosas:
1. Tener compañerismo con Dios.
2. Adorar a Dios.
3. Servir al único Dios verdadero.
El beneficio de este compañerismo es que, el hombre tendrá vida en compañerismo con Dios tal como Dios lo planificó para él, vida más abundante (Juan 10:10; Tito.1:2). Todo lo que es revelado en la Biblia es un registro de cómo este pacto de redención se ejecutó en los pactos de obra y de gracia que ya más adelante explicaré en el siguiente párrafo. Ciertamente, este registro está propiamente identificado como el pacto.
Los pactos unilaterales son pactos en los cuales una parte superior impone su voluntad (sea benevolentemente o malevolentemente) sobre uno inferior. La Biblia expone el trato benevolente y cordial de Dios para con el hombre, como la obra exterior del Pacto de Redención, y también como dos pactos unilaterales. A éstos pactos unilaterales se les llama:
· el pacto de obra
· y el pacto de gracia.
La frase “pacto de obras” describe la aplicación del pacto eterno de redención según fue aplicado antes de la caída. Éste es un pacto unilateral en el sentido de que fue impuesto sobre el hombre, o sea, el hombre no participó en la definición de sus términos o estipulaciones. Tampoco acordó que fuera iniciado. “Obras” es el fenómeno central que la Biblia describe como la característica que lo distingue de otros pactos divinos. En éste hay un elemento de gracia indiscutible, y es fundamentalmente de gracia en cuanto a que el hombre no merecía, de ninguna forma, ninguno de los muchos beneficios que recibió de parte de Dios. Sin embargo, se distingue claramente de todos los tratos de Dios con el hombre que vinieron después de la caída por la condición en la que el hombre habría de permanecer en disfrute del compañerismo con Dios y sus bendiciones especiales. Así que es un pacto de obras no por los términos de su iniciación (los cuales eran de gracia) sino por los términos de su continuación (la obediencia perfecta del hombre hacia Dios).
La frase “pacto de gracia” describe la aplicación del pacto eternal de redención según fue aplicado después de la caída. Éste, también, es un pacto unilateral en tanto que es impuesto sobre el hombre, es decir, el hombre no participa en definir los términos o estipulaciones, ni acuerda su inicio. “Gracia” es el fenómeno central que la Biblia describe como su característica distintiva sobre el pacto perteneciente al jardín del Edén. Consta de gracia tanto en su inicio como en su continuación. Sin embargo, esto no significa que los hombres individuales no tienen responsabilidad hacia Dios. Son responsables de cumplir con los términos de la iniciación. Deben arrepentirse de su rebelión pecaminosa contra Dios, la cual consiste en lo que son y lo que hacen. Pero no pueden hacer esto por sí mismos. Por lo tanto, pueden cumplir con los términos de la admisión: (fe y arrepentimiento) sólo después de ser unidos a Cristo por la obra del Espíritu Santo en ellos. Luego de entrar en el pacto, el hombre debe continuar en obediencia al mismo. También ellos son incapaces de hacer esto por sí solos. Pero como están unidos a Cristo y habitados por el Espíritu Santo, sus esfuerzos descansan en y crecen debido a la obra de Dios en ellos (Filipenses 2:10). Así que, una vez regenerados, tienen un nuevo espíritu que por naturaleza gime en obediencia a Dios (Romanos 8:15).
La Biblia enseña que todo ser humano después de la caída aún vive bajo el pacto de obra (Romanos 5:12). Cada hombre es responsable de cumplir perfectamente con los estándares rectos de Dios si va a tener compañerismo con él. Si un hombre no cumple con esos estándares, no escapa ni puede escapar del estado en el cual nació, es decir, el estado de estar sin Dios y sin esperanzas en el mundo: el estado de pecado y muerte. Este estándar no es otra cosa que el hombre sea apto para el compañerismo con Dios. Dios es Santo (sin ninguna atracción a ni estar involucrado con el mal o el pecado), justo (sin ninguna práctica de mal o pecado) y bueno (sin ninguna presencia de mal o pecado). Como tal, en su propia naturaleza él erradica todo pecado que viene delante de él. Así que todo hombre está bajo la maldición de la ley (Gálatas 3:10, 12-13) y se le requiere que sea santo, así como Dios es santo (Lev. 11:44; 1 Pedro 1:16), es decir, ser santo, justo y bueno.
En la terminología bíblica, el pacto de gracia se divide en el antiguo pacto, que comprende lo que llamamos el Antiguo Testamento, y el nuevo pacto o el Nuevo Testamento. El antiguo pacto está subdividido en los siguientes pactos:
· El “Pacto Adámico” de antes de la caída. El Pacto Adámico o de Adán: el pacto del principio (Génesis 3:14-19; Romanos 8:7, 20-22; 16:20; 1 Timoteo 2:15).
· El Pacto Noético. Noé: El Pacto de Preservación. (Gen.6:17-22; 8:20-22; 9:1-17)
· El Pacto Abrahámico. Abraham: El Pacto de Promesa (Gen.15,17; Romanos 4; Galatas. 3)
· El Pacto Mosaico Moisés: El Pacto de La Ley (el cual consiste de dos pactos)
· El Pacto Davídico de después de la caída. David: El Pacto del Reino (2 Samuel. 7; Salmo 78:60-72; Mateo1:1; Lucas 1:32, 69; Juan 7:42; Hechos 2:29-36;13:23; Romanos 1:3; Hebreos 1:5) Cada uno de estos pactos menores es representado en la Biblia como parte de un pacto mayor.
· En el N. T. o Nuevo Testamento está el Pacto de Cristo: El Nuevo Pacto (Deuteronomio 30:1-6; Ezequiel 36:22-27; 37:24-28; Jeremías. 31:31-34; 32:37-41; 33:14-26; Lucas 22:14-23; Hebreos 8, 10:15-18; Romanos 4:9-12; 9:6-8, 16, 25; Efesios 2:11-22; Colosenses 2:11-12)
Ahora para más claridad, expondré en general como era se definía el trato de Dios, su administración, y las condiciones que haría el hombre, en el antiguo testamento y como es en el nuevo.
El Pacto de Gracia en el Antiguo Testamento.
En el Antiguo Testamento, Dios tiene varias administraciones de su pacto en el tiempo, hasta la venida de Cristo, que en esencia son un solo pacto, donde solo la gracia predomina. No me detendré en explicar cada uno de los pactos de A.T., solo diré que las bendiciones centrales o básicas del pacto vienen a los que lo reciben como un regalo de Dios (Romanos 9:6-8). Al mismo tiempo, a todos los que lo reciben se les llamó a y respondieron con fe, por la cual ellos retienen la divina promesa de vida eterna a través de la simiente que restauraría al hombre a tener verdadero compañerismo con Dios (Romanos 4). Al pacto del periodo Mosaico se le llama el primer o antiguo pacto en el Nuevo Testamento (Hebreos 8:7-9). Descansando en y tipológicamente señalando hacia la promesa en Cristo, fue administrado en ese tiempo por:
· promesas,
· profecías,
· sacrificios,
· circuncisión
· y el cordero de la Pascua al igual que un gran número de otros tipos y ordenanzas dadas a los judíos. Ellos tenían que participar de todo, y estas señales eran suficientes para aquellos tiempos a través de la obra del Espíritu para instruir y desarrollar el pueblo de Dios en su fe y en el Mesías que había de venir (Juan.3:10; II Timoteo 3:16; 1 Corintios. 9:10,10:6-11). Por Él, el pueblo de Dios tenía total perdón de pecados y salvación eterna (Hebreos 11, vs.16 especialmente; 12:23).
El Pacto de Gracia en el Nuevo Testamento (Nuevo Pacto)
Cuando vino Cristo, el misterio fue completamente revelado, la sombra fue realidad, y los tipos se convirtieron en anti-tipos. El pacto de gracia ahora se llama nuevo pacto. Las ordenanzas por las cuales se administra este nuevo pacto son:
· la predicación de la Palabra
· y los sacramentos del bautismo y la Cena del Señor. Aunque éstos son menos, más simples y exteriormente menos espléndidos, se deben cumplir con ellos, ya que en ellos el pacto se revela más completamente, clara y poderosamente a todas las naciones, tanto judíos como gentiles. Solamente hay un solo pacto de gracia a través de toda la historia del hombre desde la caída.
Es apropiado ver a Cristo como el punto crucial en la historia de la redención y los dos grandes periodos (antes y después de Cristo) como la marca de una gran división estructural en la historia. Estos dos periodos deben verse relacionándose íntegramente uno con el otro como promesa y cumplimiento y como sombra y realidad.
Jesucristo es el cumplimiento, el tan esperado descendiente de David y ahora reina como el Cristo (Mesías o el ungido) sobre Su reino sentado en el trono prometido de Dios (Hechos 2:29-36). Como no creen en él, los judíos por descendencia natural han sido cortados y separados del pueblo de Dios. Los judíos que lo confiesan como su Salvador, junto con todos los gentiles que hacen la misma confesión, forman el verdadero Israel de Dios (Romanos 11:17-24; Gálatas 6:15-16), son participantes en el pacto de la promesa, miembros del estado libre de Israel, tienen esperanza y Dios en el mundo, miembros de la familia de Dios (Efesios 2:11-19). De esta manera, después de la venida de Cristo, la descendencia física ya no determina si uno es judío o no, sino que se decide por la naturaleza nueva de uno, si está o no circuncidado en el corazón (Romanos 2:27-29; Gálatas 2:15). Él es el recipiente de todas las promesas de Dios (Efesios 2:11-12: Romanos 15:9-10; 2 Corintios 1:20).
Aunque todas las promesas de Dios se cumplieron en Cristo, aún falta un cumplimiento mayor de esas promesas en los tiempos por venir. Cuando la obra de redención de Dios esté completa, el velo será removido y el presente reinado de Cristo se manifestará completamente (Hebreos 2:8, Filipenses 2:9-11). Entonces, Cristo entregará el reino a Dios el Padre para que Dios sea el todo en todo (1 Corintios 15:23-28).
Hay un solo plan de salvación a través de toda la historia del hombre después de la caída: salvación por fe en Jesucristo (Juan 14:6-7; 3:10; 5:39). El propósito unificado de Dios: Hay un solo propósito para el pueblo del pacto de Dios de todos los tiempos (Romanos 4:9-25; Efesios 2:11-22)
Por esto debemos oír a Dios y sus promesas.
Mas el que me oyere, habitará confiadamente Y vivirá tranquilo, sin temor del mal. Proverbios 1:33
Es por esto que debemos creer en Jesucristo y sus promesas, en el Padre Celestial y sus promesas, en el Espíritu Santo y su trabajo, su función, lo que ha prometido que hará.
Salmos 80:19 Oh SEÑOR, Dios de los ejércitos, restáuranos; haz resplandecer tu rostro {sobre nosotros} y seremos salvos.
Si estamos de pie en las promesas de Dios no podemos caer, porque él hará cumplir sus promesas para nosotros que como primera causa harán que estemos de pie, y nos darán las condiciones para que, como segunda causa, nosotros podamos hacer nuestra parte.
Es como un ancla, ahí está en nuestra mente, cristo fijado, entonces todo tiene sentido, las riquezas de Dios están escondidas en Cristo, esta es la razón de porqué debemos seguir a Jesucristo por la fe, ya que, por la fe, cuando vemos el rostro de Cristo, recibimos de sus riquezas.
Ezequiel 39:29 No les ocultaré más mi rostro, porque habré derramado mi Espíritu sobre la casa de Israel –declara el Señor DIOS.
Vamos a orar en primera persona:
Señor, creo en tus promesas, creo en tu pacto, en el pacto perfecto de Cristo, ya que cuando encuentro su rostro obtengo todas sus riquezas. Pueda que me sienta mal, pueda que ande en valle de sombra de muerte, pero tengo la promesa de Cristo, y al contemplar su santo rostro, en el Espíritu, ahí llueven tus beneficios, los que has prometido, porque tú que me has dado tu Santo Espíritu, tu que comenzaste la obra redentora en mí, vas a continuarla y me vas a preservar hasta el fin con tu gran poder. En lo que respecta a mí, ayúdame a hacer lo que me toca a hacer, por esto te oro, méteme más en tu profundidad, en tu Espíritu, en tu presencia, en tu obediencia, en estar lleno de tu amor, porque tú eres la verdad, tú tienes todo, el reino, el poder y la gloria. Gracias padre en el nombre de Jesús.