«Que es el espíritu del mundo? Y que es el Espíritu de Dios?»

 

“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido”. 1 Corintios 2:12.
Es sumamente importante saber que el espíritu del mundo se encuentra en la mente humana, en nuestra mente, y el Espíritu de Dios, o el Espíritu Santo, o el Espíritu de Cristo, también se encuentra en nuestra mente cuando lo hemos recibido de parte de Dios. La Biblia dice de nuestra mente, que es el espíritu de este mundo.
¿En la mente?
Sí, en la mente, por esto es que es allí es donde se libran todas nuestras luchas, de manera que venimos a ser carnales, cuando hacemos las cosas de éste mundo que no son lógicamente buenas, sino dañinas para nuestro ser, tales como vicios que dañan nuestro organismo, eso es andar en la carne. Todas esas cosas las producimos como consecuencia de dejar que la mente carnal nos domine. Allí en la mente, es donde somos dominados por el espíritu de este mundo que es la mente sin Dios, o por el Espíritu de Cristo, que es la mente renovada por haber recibido el Espíritu de Dios.
La mente no renovada es muy fuerte, hace lo suyo propio, que es buscarle al hombre su propia gloria, más su conveniencia, de esta manera dejar a un lado a Dios y sus cosas. La mente no regenerada no sirve a Dios sino a éste mundo, así es la verdad, para nada sirve a Dios, sino que se sirve a sí misma, y está influenciada por el príncipe de este mundo, por Satanás y sus demonios que han inflado la rueda de la creación con su maldad e influencia maligna, de acá abajo, de la tierra y no de lo alto. Por esto es que la mente es el espíritu de este mundo. Por esto también Jesús dijo que él no tenía parte con este mundo, ni era de este mundo sino de uno alto, santo y sublime, es decir de Dios y su reino, porque en su naturaleza divina, no tenía la mente caída por el pecado original, nunca tuvo la mente de este mundo, él nunca estuvo caído, por esto nunca peco, siempre tuvo la mente de Dios todopoderoso.
Por esto la Biblia dice que este mundo está satánicamente controlado por ese enemigo nuestro y por supuesto Dios se lo permite por muy buenas razones que él tiene, tales como gobernar el corazón de los que tienen su Santo Espíritu. En los demás también gobierna, limita y controla sus acciones.
También dice que antes, nosotros seguíamos la corriente de este mundo, esto es solo cuando aún no estaba el Espíritu de Dios controlando nuestras mentes. Esta es la razón porque la Biblia dice que la sabiduría de este mundo en el hombre es animal, terrenal y diabólica.
La mente o el espíritu de este mundo es enemiga de Dios.
Romanos 8:6-8 …6Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; 7ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, 8y los que están en la carne no pueden agradar a Dios.
Pero el Espíritu de Dios es más fuerte que el espíritu de este mundo, cuando él está en el corazón de una persona no hay nadie que le pueda vencer, al final siempre triunfa.
“Pero ustedes, mis queridos hijos, pertenecen a Dios. Ya lograron la victoria sobre esas personas, porque el Espíritu que vive en ustedes es más poderoso que el espíritu que vive en el mundo”. 1 JUAN 4:4 NTV
Ya podemos ir viendo, por la Biblia que son las sagradas escrituras y la palabra de Dios, que hay “dos espíritus”. Ya podemos saber de los dos espíritus porque la Biblia menciona la existencia de dos espíritus, El espíritu del mundo, y el Espíritu de Dios, que proviene de Dios. Es importante notar que la palabra de Dios aclara, que el Espíritu Santo, no provienen del mundo, sino de Dios, y el espíritu del mundo es otro espíritu.
Por esto mismo, cuando la Biblia, habla de otro espíritu, que no es el Espíritu de Dios, sino el del mundo, para diferenciarlo, tanto cuando habla del espíritu del hombre, como del espíritu del mundo se describe a ese otro espíritu que es el mismo, para diferenciarlo, escribe la palabra espíritu con “e” minúscula, mientras que cuando la Biblia habla del Espíritu de Dios se escribe la palabra Espíritu con “E” mayúscula.
Es con la mente que servimos a Dios.
Los que hemos recibido el Espíritu de Dios, siempre tenemos cierta libertad que Dios nos ha dado, durante esos momentos siempre podemos seguir a nuestra mente, nuestra carne, o nuestra naturaleza pecaminosa, o seguimos al Espíritu de Dios.
Si seguimos a nuestra mente, seguimos la corriente de este mundo y sus modas de pecado, allí andamos en la carne, y somos cristianos carnales, pero si seguimos al Espíritu de Dios somos bienaventurados porque nos elevamos con Dios en sus alturas para hacer lo que a él le agrada, su justicia, es decir su rectitud y todo lo bueno que él es, esto es lo que a él le agrada y es entonces cuando lo agradamos.
Somos deudores al Espíritu, es aquí donde pertenecemos y debemos estar, debemos saber que cuando andamos en el Espíritu de Cristo, no hay ninguna ley que nos condene, porque el Espíritu Santo, es poder, vida y paz, esto es andar en el Espíritu.
Andar en el Espíritu es seguir y servir en nuestra mente a la mente de Jesucristo y su evangelio que es de lo alto, no es de este mundo, sino del reino de los cielos y sus leyes, es seguir toda su dirección que nos pueda dar, y lo podemos hacer porque tenemos la mente de Cristo. Notemos que en el versículo de Romanos 8:7 dice que los que no tienen el Espíritu de Dios, no pueden sujetarse a la ley de Dios, están incapacitados para hacerlo. porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo.
En la Biblia muchas veces se menciona la palabra mente como sinónimo de espíritu, 1 Corintios 2:16 “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”’.
Es en nuestra mente que servimos a lo que Dios dice, y con nuestra mente servimos a la ley de del pecado. La palabra de Dios lo menciona en Romanos 7:25 “Gracias doy a Dios por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado”
Cuando servimos con la mente o naturaleza pecaminosa a la ley del pecado no andamos en el Espíritu de Dios, pero cuando servimos en nuestra mente al Espíritu somos vivificados. Esta es una realidad y nos pasa a todos los que tenemos el Espíritu Santo de Dios, sin embargo, el Espíritu comienza a convencernos de las cosas de Dios son mejores que las del mundo.
Cuando con nuestra mente, que es donde se da la primer batalla, dudamos de Dios, que él nos pueda amar con el amor que nos ama, cuando nos sentimos alejados e Dios, cuando pensamos que no estamos haciendo la voluntad de Dios y que podríamos ir a condenación, allí es donde el Espíritu Santo nos convence por medio de la doctrina que somos escogidos desde antes de la fundación del mundo, antes de haber nacido, cuando aún no habíamos hecho ni bien, ni mal, Dios decidió amarnos incondicionalmente, Jesús decidió ir a la cruz por nosotros y el Espíritu Santo nos fue dado en el evento de la salvación, de manera que no estamos con Dios, ni iremos al cielo, por nada de lo que nosotros podamos hacer, sino por la soberana decisión de Dios, por el rescate que Jesús hizo en nosotros en la cruz del calvario, y por el soberano Espíritu Santo en la salvación. Pero esto no se queda allí, es Espíritu Santo nos convence de nuevos hechos, para ubicarnos que somos de Dios.
Antes que el Espíritu Santo nos fuera dado, ¿Cómo vivíamos?
Hecho: antes no creíamos ni obedecíamos, ni seguíamos a Dios, ahora si lo hacemos. Hecho: antes no entendíamos las cosas de Dios, ahora sí. Hecho: antes no amábamos a Jesucristo, ni creíamos que es Dios, y que resucitó. Hecho: antes no habíamos sido transformados, ahora sabemos que somos otras personas, nuevas criaturas. Hecho: antes no teníamos ni fe, ni esperanza, ahora sí. Hecho: antes vivíamos sumergidos en grandes tristezas del corazón y ataduras ahora tenemos la libertad que da el Espíritu. Hecho: antes no servíamos al Dios vivo, ahora servimos a Dios desde nuestra mente, y en su ministerio. Hecho: antes no andábamos pensando en agradar a Dios, en glorificarlo, hoy es todo lo que queremos. Hecho: antes no amábamos al prójimo, ahora sí, y le servimos como a Dios. Hecho: antes no nos preocupábamos por la salvación de otros, ahora sí y vamos a evangelizarlos. Hecho: antes no meditábamos en Dios, ahora sí, pensamos en Dios en todo momento. Hecho: antes no orábamos con fe, ahora sí, pedimos fervientemente que nos ayude en lo que hace falta. Hecho: antes éramos irreverentes, ahora tenemos temor de Dios. Hecho: antes no estábamos comprometidos con Dios, ahora sí, y vamos a servir a nuestra Iglesia reformada. Hecho: antes andábamos perdidos, extraviados en nuestra mente, ahora servimos a Dios, y estamos ubicados. Hecho: antes no llorábamos por amor a Dios, ni sentíamos su presencia, ahora sí. Antes nos avergonzábamos de Dios, ahora el Espíritu no nos avergüenza, y sabemos lo que Dios nos ha concedido.
Romanos 5:5 “y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”
Y mucho más…
Por consiguiente, si alguien está en el espíritu del mundo, que es la ley de Moisés, nunca sabrá lo que Dios le ha concedido. Solamente conociendo el evangelio podemos realmente conocer tanto el sacrificio de Dios y lo que eso implico, como también las grandes promesas de Dios. Caso contrario seguiremos en esclavitud sometidos a la ley de Moisés o a doctrinas de hombres corruptos de entendimiento.
Efesios 4:22-23 lo siguiente: “En cuanto a la pasada manera de vivir despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente”.
Aquí está la clave de todo, el renovar el espíritu de nuestra mente, con todo lo que es de Dios. Entonces nos mantenemos limpios, sin manchas, es como corregir la dirección, porque Cristo controla nuestras mentes, y nos va dirigiendo. Así es como Dios nos quiere tener, en la santidad y libertad de su Espíritu, no en el pecado y esclavitud de las obras de la carne.
Así no estaremos bajo la ley de Moisés, lo dice Gálatas 5:16-18 “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne (espíritu del mundo) es contra el espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley”.
Por esto Dios hizo un nuevo y mejor pacto, que el de Moisés que era para muerte y condenación, es un pacto para nuestra justificación perpetua delante del padre, ya que él mismo Espíritu nos dirige a perderle perdón, por esto el evangelio que entre muchas cosas dice que estamos perfectos (hebreos 10: 14). Estamos completos (Colosenses 2:10) dice que ya no es por obras para que nadie se glorié, es únicamente por el sacrificio de Cristo en la cruz. (Efesios 2:8-9)
2 Corintios 3:6-10 que dice: “el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra sino del espíritu; porque la letra mata, más el espíritu vivifica. Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, ¿Cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación. Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente”.
Vamos a orar en primera persona.
Gracias Señor, porque me has hecho parte de algo más grande que yo, tu eres real y estás por mí ¿entonces quién contra mí? Jamás podría hacer méritos para lograr ni ganar nada contigo, debo aceptar y obedecer lo que tú ya dispusiste de cómo sería la vida en Cristo que habré de llevar. Solo puedo llorar al ver tu gracia conmigo, y no va a cambiar, tu nunca vas a cambiar, decidiste amarme, bendecirme, ayudarme, salvarme, y esto aun cuando yo no había hecho ni bien, ni mal, cuando no había nacido, tú ya me habías predestinado, escogido, me habías dado la gracia, tu inagotable amor, tu salvación, tu perdón. Significa todo esto que eres más grande que yo, que soy parte de algo más grande, que tu poder es inmensurable, que tus caminos son perfectos, significa que estoy en tus manos, que al final me llevarás al cielo conmigo, cuando antes yo era tu enemigo, ni creía en ti, ni te respetaba de verdad. Significa que terminarás toda la obra que un día comenzaste en mí. Muchas gracias en el nombre de Jesús.