«IDENTIFICA LA FE AUDAZ Y VIVE POR ELLA.»

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La Biblia dice: «Yo confié en Dios, y por eso hablé.» Pues nosotros también confiamos en Dios, y por eso anunciamos la buena noticia. 2 Corintios 4:13 TLA.

Esta prédica trata de: COMO SABER IDENTIFICAR LA FE AUDAZ, PARA SEGUIRLA Y VIVIR POR ELLA. Esta es la buena noticia y nuestro medio, el poder tener fe, el poder creer, el poder confiar, para siempre estar unidos a Jesucristo.
Cuando hablamos de fe, se nos abre un panorama muy grande de posibilidades, porque con ella seguramente podremos triunfar en esta vida, y sin lugar a dudas, será un hecho. Esto si es que la encontramos y seguimos de verdad. Pero lo primero que debemos saber es que la fe genuina tiene una cualidad única, y características. Por esta razón, en la Biblia, la fe es comparada con oro puro. El oro se comprueba que es oro puro, porque se pasa por el horno. El oro puro siempre es oro puro porque las impurezas quedan fuera, por esto cuando hablamos de oro, hablamos de calidad y pureza.
En el relato de Jeremías 32:6-9, vemos como él comprueba si la impresión que está recibiendo, es de Dios, o no lo es. Lo hace con el propósito de meter al crisol del fuego las impresiones que recibe en la cárcel y en todo momento, para así comprobar si son de Dios, o de este mundo. ¿Acaso no es esto es lo mismo que deberíamos hacer nosotros?
Y Jeremías dijo: «La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: “Hanameel, hijo de tu tío Salum, viene a ti, diciendo: ‘Cómprame mi heredad que está en Anatot, porque tú tienes derecho de compra sobre ellos’”. Y vino a mí Hanameel, hijo de mi tío, conforme a la palabra de Jehová, al patio de la cárcel, y me dijo: “Cómprame ahora la heredad que está en Anatot, en tierra de Benjamín, porque tuyo es el derecho de la herencia y a ti corresponde el rescate; cómprala para ti”. Entonces conocí que era palabra de Jehová. Compré la heredad de Hanameel, hijo de mi tío, la cual estaba en Anatot, y le pesé el dinero: diecisiete siclos de plata». (Jeremías 32:6-9)
Es muy importante saber que la fe tiene una calidad, y cuando se habla de poder vivir la vida de fe, debemos ser delicados al aceptar las calidades de lo que compramos o nos venden. Una cosa es ser novato en la fe, y la otra es ser experimentado en el conocimiento de Dios y de la fe que emana de él. Conocer bien esto último, podría tardar años en aprenderse y perfeccionarse, pero finalmente se puede con la ayuda del Espíritu Santo. Nunca es tarde para comenzar, y en buena hora, hoy veremos algunos principios claves de la fe.
Romanos 10:17Reina-Valera 1960 (RVR1960) 17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
El primer principio que debemos saber o recordar, es que la fe viene por el oír, y el oír la palabra de Dios. Jeremías escuchaba palabra de Dios. Aquí hablamos de intimidad con Dios, o de saber oír, de escuchar con discernimiento, ya que la fe es impartida por medio de servidores de Dios, o de quien sea. Muchas veces los no creyentes hablan de parte de Dios sin darse cuenta, ya que la fe de Dios viene escondida por medios inusuales, y debemos identificarla, si escuchas una palabra Rhema (la palabra de Dios dirigida a los creyentes por medio del Espíritu Santo, un tema específico, dicho en el presente) que es para ti en boca de alguien, seguramente te embarazarás de ese fruto de Dios que darás más adelante.
Vino palabra de Jehová a mí, esto se puede traducir como, oí en mis pensamientos, entre todos ellos, uno que no era mío, era palabra de Dios, lo identifiqué y supe que era de Dios. Aquí hay un punto crucial, y es el de saber discernir de entre las impresiones que recibimos de todos, a diario, otra, la que es de Dios.
Aquí es donde todos se confunden, o nos hemos confundido en más de una ocasión, porque, así como el oro es probado para saber que es oro, así un santo de Dios, experimentado en el discernimiento del bien y del mal, pone a prueba, todas y cada una de las impresiones que recibe de todos, diariamente. A esto podemos llamar rumiar. Rumiar sería algo así como lo que traemos a nuestra mente para meditar una y otra vez, sobre las impresiones con sus detalles que hemos recibido en el día o en el momento. Cuando las analizamos, las probamos y vemos que solo eran varias impresiones o una impresión más de la vida que dejaremos pasar, pero no eran algo de Dios para bendecirnos, también simplemente discernimos que Dios está en ello y lo atesoramos.
Acá Jeremías recibe la visita de su primo, este le pide que le compre el terreno, pero por la intimidad que Dios tenía con Jeremías, y éste con Dios, el Soberano ya le había dicho anticipadísimamente lo que iba a pasar. De acá sacamos el primer principio.
1. Dios te va a hablar, embarazar, empapar, con una palabra de fe, sobre un tema específico, dicho en el presente, sobre cosas que pasarán en el futuro.
Por esto el texto dice:
Y Jeremías dijo: «La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: “Hanameel, hijo de tu tío Salum, viene a ti, diciendo: ‘Cómprame mi heredad que está en Anatot, porque tú tienes derecho de compra sobre ellos’.
Si Dios te habla, pero no has aprendido a saber identificar su palabra e impresión que produce en tu alma, de las del resto del mundo, no aprovecharás esa palabra de bendición para tu vida. En otras palabras, perderás el tiempo, porque Dios te seguirá visitando y hablando lo mismo hasta que sepas escucharlo, entonces no pasarás al siguiente escalón en la vida de fe, si no pasas el primero. Debes hacer un esfuerzo y hacer ejercicios espirituales que te mantengan activo en la fe, deberás guardar y atesorar la palabra de Dios cuando la escuches.
2. El segundo principio es que: se confirma lo que Dios ya te había dicho anticipadísimamente.
Y vino a mí Hanameel, hijo de mi tío, conforme a la palabra de Jehová, al patio de la cárcel, y me dijo: “Cómprame ahora la heredad que está en Anatot, en tierra de Benjamín, porque tuyo es el derecho de la herencia y a ti corresponde el rescate; cómprala para ti”.
Lo que debemos aprender es que, lo que Dios ya te había dicho que iba a hacer, llegará el tiempo en que sucede. Ahora está pasando la palabra que Jehová te había dicho. Ha venido Hanameel a ofrecerte que le compres el terreno, porque es tu derecho. ¿Estás atento a esa palabra? Es para tu bendición.
La fe es un Acto extraordinario.
Lo extraordinario es lo raro, es lo difícil de hallar, lo no común, lo que pocas veces sucede. Extraordinario, es lo que está fuera del orden de lo ordinario; lo singular, lo que es solo, único, peculiar, lo que trata de una materia sola; lo que pertenece, es propio y privativo de una cosa, lo insigne, sobresaliente, excelente en su línea o clase. La fe es algo extraordinario.
Comprar el terreno de Hanameel es un extraordinario acto de fe, porque se le pedía que hiciese algo no ordinario, cuando había guerra. Israel estaba perdiendo la guerra, y la iban a perder porque así había sido profetizado. La ciudad estaba sitiada, faltaban pocas horas para que la ciudad cayera, y todos fueran apresados y llevados a trabajar a otras tierras en el exilio. Pero aquí hay que comprar un terreno, simplemente Jeremías estaba loco y no tiene sentido lo que iba a hacer, pero sin duda, este acto pertenece junto a los actos de fe, que encontramos en la galería de la fe de hebreos 11. Si lo examinamos bien, aprenderemos lo que significa caminar por fe. Cada uno de nosotros es llamado a caminar por fe, y hay ciertas calidades de fe que vemos aquí.
La fe es inusual.
La fe es inusual, así como extraordinaria porque nos es una sabiduría de este mundo, a la que todos pueden comprender, es una sabiduría de lo alto, de Dios, y por esto es inusual, extraordinaria, y sobrenatural.
Podemos ver que Jeremías hace algo de esto que todos debemos hacer pero le añade algo más y es “la precaución de fe”. Dios le dijo a Jeremías, en la soledad de su prisión: “Tu primo Hanameel viene a ti, ofreciendo vender su campo”. Un poco más adelante en el relato dice: “Entonces Hanameel mi primo vino a mi… conforme a la palabra del Señor”. Esto es donde la mayoría de cristianos fallamos cuando somos inexpertos, en conocer lo que es de Dios y lo que no, pero Jeremías dice:
3. Acá viene el punto número tres, Jeremías conoce que era palabra de Jehová. Conoce cuando es palabra de Jehová y obedécelo de inmediato. ”.
Entonces conocí que era palabra de Jehová. Compré la heredad de Hanameel, hijo de mi tío, la cual estaba en Anatot, y le pesé el dinero: diecisiete siclos de plata».
La frase: “Entonces conocí que era palabra del Señor”, es la cosa importante que debemos saber ver cuando sea necesario, cuando es el momento de la verdad. Vemos cómo Jeremías puso a prueba la impresión que recibió por la visita de su primo. Debemos saber que todo en esta vida nos causa una impresión, y debemos saber si esa impresión es de Dios o no es de Dios.
Seguramente nos hemos preguntado, ¿a los profetas del Antiguo Testamento como le fueron dadas las “palabras” de Dios? En las Escrituras del Antiguo Testamento nos encontramos seguidamente con esta frase: “La palabra del Señor vino a mí…”. ¿Cómo vino? Este relato sugiere que la forma usual en que Dios habló a estos profetas, era la misma forma en la que nos habla a nosotros; eso es, por medio de una impresión vívida hecha sobre el alma, una voz interior informándonos de algo.
Aquí está el otro punto clave y decisivo, la gran lección es aprender de este relato es que esta voz interior no es siempre la voz de Dios. ¿Acaso no es cierto que muchas veces el dios de este mundo puede hablar por medio de esa voz interior, sonando muy parecido a la voz de Dios? Por escuchar mal esta voz interior muchos cristianos han sido profundamente heridos en su fe, a la vez, han dañado la fe de otros, al actuar impulsivamente sobre lo que su voz interior tiene que decir, sin probar si es la voz de Dios o no es.
La fe que actúa de forma extraordinaria e inusual, no actúa de forma fanática para hacer locuras que van en contra de lo que Dios mismo a establecido en su sagrada ley. La fe actúa con cautela, esperando que Dios confirme Su palabra. Llegas a esperar y a esperar, ya no te vas a la primera cosa que te dicen, ni a la segunda, sino hasta que percibes que Dios está inmerso en aquel asunto. Jeremías no era un novato en la vida activa de la fe. Sabía que Dios confirmaría Su palabra, él ya había aprendido a esperar en Dios. Dios confirmó Su palabra al cumplir la predicción que había hecho. Debes aprender a esperar en Dios, el tiempo o los años que sean necesarios. Mientras tanto Dios te está puliendo y promoviendo para cuando llegue el tiempo de actuar y lograr cosas más grandes.
La fe es audaz.
El término audaz es aquel que empleamos para indicar que algo o alguien se muestran y destacan por su valentía, osadía y arrojo en su accionar o manera de ser.
Notemos que aún con toda la precaución de la fe, fijémonos en otra calidad de la fe aquí, en lo que llamamos “la audacia de fe”. ¿Era audaz comprar una propiedad cuando una ciudad estaba a punto de caer en las manos del enemigo? Sí. ¡Esto era una cosa totalmente irracional de hacer! Este acto es siempre una calidad de fe.
La fe tiene una apariencia de ridiculez.
No estás actuando en fe si estás haciendo lo que todo el mundo a tu alrededor está haciendo. La fe siempre parece desafiar las circunstancias. La fe siempre constituye un riesgo y una aventura.
¿Acaso no era ridículo comprar una propiedad cuando una ciudad estaba a punto de caer en las manos del enemigo?
¿Acaso no era ridículo ante los demás Noé cuando construía un arca, cuando no había agua, y cuando nunca había habido lluvia? Seguramente las gentes de su tiempo se burlaban de él y hasta le llamaban: ¡El Loco de Noé, ja, ja ja, construyendo un arca en el bosque, en tierra seca!
Y que dices de Abraham quien hizo un viaje sin mapa. Si sus familiares o la gente le preguntaron: “¿A dónde vas?” Cuando él contestó: “No lo sabemos; simplemente estamos yendo por ahí, eso es todo, porque Dios nos está guiando”. De seguro que haciendo señas que estaba loco dijeron: “¡Pobrecito Abraham; ¡está desquiciado mental, está fuera de su mente, en otra realidad!”. ¡Es un irresponsable porque se lleva a su familia a la ventura y a la muerte segura!
Hebreos 11Reina-Valera 1960 (RVR1960) 11 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Esta es la calidad de la fe: actúa de una forma que parece ridícula. Pero actúa de esta forma porque está basada en una sabiduría superior, y esta es la base en la que siempre descansa. La fe no demanda que vayamos y cometamos actos locos, impulsivos, sin ninguna razón, sino que la razón de la fe, es superior a lo que mucha gente puede ver, oír o entender, pero simplemente, la fe y su razón está ahí.
Debemos saber que, solo buscando esta fe, pidiéndola en oración, identificándola, atesorándola, siguiéndola, podremos estar capacitados para lograr cosas grandes, porque “fuisteis llamados con el propósito de heredar bendición”. 1 PEDRO 3:9
Hemos sido llamados a hacer cosas grandes y a dar mucho fruto para Dios.
Cuando producen mucho fruto, demuestran que son mis verdaderos discípulos. Eso le da mucha gloria a mi Padre. Juan 15:8 NTV.
…11Creedme que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí; y si no, creed por las obras mismas. 12En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores que éstas hará, porque yo voy al Padre. 13Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.… Juan 14:11-13.
Vamos a orar en primera persona.
Gracias, Señor, que me has llamado a caminar por la fe, y a veces eso significa actuar en formas que no tienen sentido para el mundo a mi alrededor. Ayúdame a confiar que Tú establecerás Tu palabra y que Te mostrarás fiel a ella a su tiempo. Ayúdame a nuca olvidar y a hacer de esta predica una aplicación práctica para mí vida. Ayúdame a distinguir cuáles son los elementos distintivos del caminar por fe. Ayúdame a que yo pueda estar aprendiendo, a reconocer y a recibir la dirección de Dios para mis aventuras en la fe. Padre, te lo pido en el nombre de Jesús, amén.
P. D. Deja la cobardía y anímate a vivir por fe, con su audacia y así lograrás lo imposible.