«DIOS QUEBRARÁ TU MOLDE. ¿CUÁNDO Y PORQUÉ?»

Jeremías 18Nueva Traducción Viviente (NTV) El alfarero y el barro 18 El Señor le dio otro mensaje a Jeremías: 2 «Baja al taller del alfarero y allí te hablaré». 3 Así que hice lo que me dijo y encontré al alfarero trabajando en el torno; 4 pero la vasija que estaba formando no resultó como él esperaba, así que la aplastó y comenzó de nuevo.5 Después el Señor me dio este mensaje: 6 «¡Oh, Israel! ¿No puedo hacer contigo lo mismo que hizo el alfarero con el barro? De la misma manera que el barro está en manos del alfarero, así estás en mis manos.
¿Cuándo Dios quebrará nuestra vasija? Cuando no hemos llegado a ser, o a estar conformados a la imagen de Jesucristo que es la meta de Dios, y que en primer lugar es amor. Por supuesto hablamos en el proceso que estamos de parte de Dios y que él nos lleva, más que por nuestras propias fuerzas. En otras palabras ¿Por qué Dios tiene que quebrar nuestra vasija? Porque ha iniciado un proceso en el torno.
¿Cuando? Cuando no hemos dado la medida que Dios quiere que demos, Dios al igual que el alfarero como lo ha anunciado, y nosotros como el barro, debe de quebrarnos, deshacernos aplastarnos, para volvernos a ser como él quiere.
¿Porqué? Este es en sí, el ejemplo del alfarero, que es sinónimo de soberano y porque Dios es soberano, y hace todas las cosas a discreción, es decir: Al juicio o a la voluntad de su persona; sin límites establecidos. Así como a merced y discreción el alfarero hace lo que quiere con el barro, así Dios de igual manera, a sus hijos debe moldearnos, por esto nuestro versículo en Jeremías concluye sorprendentemente: ¡ESTAS EN MIS MANOS!
¿Porqué? Porque debemos cumplir la medida espiritual de Dios:
Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo. EFESIOS 4:13 NTV.
Me sorprende lo que vio Jeremías en el taller del alfarero, vio al alfarero haciendo un trabajo sobre la rueda: 4 pero la vasija que estaba formando no resultó como él esperaba, así que la aplastó y comenzó de nuevo. Y la vasija de barro que estaba haciendo se echó a perder en la mano del alfarero; así que volvió a hacer de ella otra vasija, según le pareció mejor al alfarero hacerla.
¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? Romanos 9:21Reina-Valera 1960 (RVR1960)
Me percato de pecados al estilo farisaico que cometemos que son muestra que todavía no hemos llegado a ser como el varón perfecto, como Jesucristo. Son pecadillos para nosotros insignificantes, porque pensamos que no son tan importantes, pensamos y nos comportamos igual que los fariseos, pero para Dios son pecados muy grabes. Jesús les advirtió a los fariseos que irían al infierno por estas cosas. Falta de amor y falta de buen trato a las personas, y cumplir con todo lo bueno de Dios, es decir con la justicia o rectitud de Dios.
» ¡Qué mal les va a ir a ustedes, maestros de la Ley y fariseos! ¡Hipócritas! Se preocupan por dar como ofrenda la décima parte de la menta, del anís y del comino que cosechan en sus terrenos. Pero no obedecen las enseñanzas más importantes de la ley: ser justos con los demás, tratarlos con amor, y obedecer a Dios en todo. Hay que hacer esas tres cosas, sin dejar de obedecer los demás mandamientos. MATEO 23:23 TLA.
1. Ser justos con los demás. Ser ecuánime, equitativo, imparcial, razonable, exacto, equilibrado.
2. Tratarlos con amor.
3. Obedecer a Dios en todo.
Hace poco el Espíritu me redarguyó un pecado de estos que encontró en mí, el de la falta de amor y buen trato hacia los demás, esto implica que también no cumplí con obedecer a Dios en todo.
La pequeña historia comenzó cuando me encontré en una reunión familiar con un extranjero. Al principio todo iba bien, pero conforme transcurrió el tiempo, para mí y para algunos del entorno no les fue simpatizando mucho, se hablaba cosas como: el tipo a veces es un engreído porque se jacta de su bienestar frente a todos. En fin, al poco conocido, lo miraban como soberbio y arrogante.
La otra vez estábamos contando chistes con él, y en sus chistes a nosotros nos parecía que todos los representantes de los países que no fueran los suyos eran los que perdían, salían mal, burlados, perdiendo, humillados y esquilmados. Ya no se diga de los salvadoreños, dijo que se reía en su propia cara de sus necedades y ellos ni se daban cuenta que él de lo que reía era de sus tonteras. Además del aquél: “mi grupo es el mejor”, parecía que invitaba a unirse a su grupo de “campeones que eran como él”.
A mí me molestó mucho, no sé, pero me lo tomé personal, entonces le conté un chiste en el cual yo le ganaba al de su país, (es decir a él) pero de una manera maliciosa y de dominación muy tirado a lo vulgar y picaresco, con el propósito según yo en defensa propio y para bajarlo de la silla alta en la que se ponía, pero después sentí que pequé.
Él se quedó callado y se justificó, que era más inteligente que los demás y que la mayoría ni le entendían sus chistes: “inteligentes, aunque fuesen sencillos”. Pues pasó esto, y vino la otra oportunidad, el volvió para mí a “auto exaltarse”, y así con la siguiente.
En el próximo encuentro, cuando le pregunté como estaba, me contestó con cara de felicidad: “Aquí cansado de tener tanto éxito y de triunfar tanto”. Mi mal juicio fue creciendo, mi pecadito a mi vista no era grande. En la próxima reunión fue peor para varios del grupo, por sus actitudes y decisiones que nos perjudicaban “según nosotros”, pero me percaté que no era un mal tipo y que no le sentaba bien, verse serio, quizá ya le habían dicho algo, o había trabajado mucho quizá estaba cansado. Yo quise hacer las paces para acallar mi conciencia, y “según yo”, lo conseguí.
Días después, viendo en vivo por la internet, una competencia en donde los de su país apoyaban a su deportista, logré ver que todos se comportaban de igual manera que la suya. Me asusté, porque me di cuenta que yo lo había juzgado mal, no había sido un choque cultural, era que yo lo había juzgado mal, en verdad.
Me percaté que todos ellos hacían estas cosas sin mala intención sino, o para alegrar la fiesta, para alegrar el ambiente para que hubiese más júbilo, de esa manera le hacían barra al deportista y a la fiesta. Allí me quebró Dios, y el Espíritu Santo redarguyó mi pecado diciéndome:
Al juzgarlo mal a él, juzgaste a toda una nación de 41 millones de personas que son como él. ¿Ya viste que juzgaste superficialmente?, todos son alegres, y lo que hacen es para alegrar el ambiente, para apoyarse unos a otros, no lo hacen por mala intención, simplemente así se alegran ellos y yo lo hice así, en el fondo no hay maldad, solo quería alegrar la fiesta a su modo, y te estaba haciendo barra, te equivocaste, te anticipaste y erraste, porque juzgaste superficialmente. Lloré varios minutos pidiéndole que me llenara de amor y que quitara mi maldad.
De inmediato vieron a mi mente aquellas palabras de Dios:
RVR1960 No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio. Juan 7:24
Entonces entendí el contexto de lo que me había sucedió horas antes, las cosas habían salido en mi contra, me sentía molesto, triste, perturbado, pero Dios continuó diciéndome. ¿Ves cómo debo quebrar a mis hijos? Todo lo que te ha pasado últimamente es porque yo estoy trabajando tu vida para que no te quedes, así como estás ahora. Cuando mis hijos no dan la medida que quiero que tengan, cuando no he concluido el trabajo que estoy haciendo en sus vidas, cuando ves que te pasa todo esto, es cuando te estoy moldeando en mis manos, pero esto para ti no tiene sentido y es puro sufrimiento, así es como los demás, pero es necesario. No me gusta que juzguen mal, ya te lo había dicho, ya has predicado de esto en muchas ocasiones, el amor debe reinar sobre todas las cosas, el hacer el bien y cumplir toda mí justicia.
Entonces yo me vi en el futuro en muchas reuniones, callado, manso, paciente, tolerante, humilde y lleno de amor. Así es como debo estar y debo llegar, creo que lo voy a alcanzar. Jesús dijo estas palabras.
Mateo 6:21-23Nueva Traducción Viviente (NTV) 21 Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón. 22» Tu ojo es una lámpara que da luz a tu cuerpo. Cuando tu ojo es bueno, todo tu cuerpo está lleno de luz; 23 pero cuando tu ojo es malo, todo tu cuerpo está lleno de oscuridad.
Y si la luz que crees tener en realidad es oscuridad, ¡qué densa es esa oscuridad!
Si no queremos entrar en condenación no juzguemos la ley, es decir, no juzguemos mal, porque está escrito, tu que juzgas, te condenas a ti mismo. Cuando juzgamos caemos en la condenación de lo que hemos juzgado. Debemos tener mucho cuidado con las cosas nuevas que deberemos enfrentar, porque si no damos la medida porque nuestro ojo está mal, percibe mal, juzga mal, entonces Dios el alfarero, tendrá que quebrar nuestra vasija de barro para volverla a hacer. Después no nos quejemos de los inconvenientes que nos afligen el cuerpo. La aflicción del cuerpo es la fuerza de la mano del alfarero cuando nos moldea.
Esta es la razón porque nos pasan muchos problemas, porque Dios nos está moldeando con sus manos, y esto para nosotros es angustioso y de mucho sufrimiento. A veces ya no hayamos que hacer, hasta llegamos a preguntarnos “que mal he hecho para que en esto último me haya ido mal. Quise hacer todo bien, compré regalos, quise hacer lo mejor, pero las cosas me salieron al revés, el tiro me salió por la culata. ¿qué pensará Dios de todo esto, que hice tan mal”? La respuesta es últimamente nada, pero meses antes si hicimos algo, que Dios vio y simplemente el alfarero está trabajando tu vida para hacerte una mejor persona, ya que no has dado la medida, y la medida es a la estatura del varón perfecto, a la edad cumplida de Cristo, es decir, a la perfección de Cristo cuando murió, a la edad que tenía cuando murió ya era perfecto en la tierra y perfecto para el Padre.
Mateo 7Reina-Valera Antigua (RVA) 7 NO juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida con que medís, os volverán a medir.
La verdad es que para no ser mal juzgados no debemos juzgar mal, porque si juzgamos mal, con ese mismo juicio seremos juzgados, con la medida que medimos, Dios nos volverá a medir. Esto último también es para bien porque si juzgamos bien a Dios, si esperamos bien y lo mejor de Dios, esto recibiremos, si le ponemos a Dios una medida grande porque deseamos tener en grande muchas cosas tanto espirituales como materiales, con esta nos volverá a medir y lo recibiremos.
Un amigo mío predicador cristiano, ganaba muchos proyectos, le iba bien en su negocio propio, y ganaba mucho dinero. Entonces dijo para sí, bueno ya tengo algo muy bueno, entonces para ser más eficiente reduciré mis gastos, y comenzó a recortar de su presupuesto muchas cosas, lo escribió, cuando terminó dijo, voy a eliminar aún más mi lista, voy a recortar estos gastos superfluos para ahorrar aún más.
Según él iba a ahorrar más, pero para su sorpresa lo que comenzó a recibir en los meses siguientes fue solamente lo que él había escrito. Llamaba a las compañías que le daban trabajos y todas las puertas se le iban cerrando. Se dio cuenta que había hecho mal, que tenía avaricia, era un mezquino y que innecesariamente le había puesto una medida pequeña a Dios, había juzgado mal a Dios de esa manera, y eso fue lo que Dios le había dado. Entonces de inmediato corrigió su presupuesto, lo escribió y después de un tiempo, Dios le dio la medida que él le había puesto y aún mucho más. Parece increíble, pero es verdad, yo soy testigo de todo ello, ahora su iglesia vales varios millones de dólares, Dios se lo dio todo conforma a la nueva medida.
Si para ti lo más importante después de la salvación es tener éxito en las promesas de Dios, pues lo es para Dios también, únicamente que debes estar lleno de amor, delicadeza en tus palabras y hacer todo el bien que Dios requiere de ti.
Vamos a orar: Señor y padre, solo te pedimos que nos vuelvas sabios, humildes, compresivos, justos, amorosos, así como tú eres. Padre, te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.