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EL PRIMER DIA DE LA SEMANA: DOMINGO, EL DIA DEL SEÑOR.

 

El primer día de la semana es el día Domingo.
Ya en el Antiguo Testamento se destacaba como en un día especial, y no podría ser de otro modo, debido a que en ese tiempo Dios estaba hablando por medio de figuras, sombras de la realidad misma que se manifestaría en el Nuevo Testamento. Por ejemplo
Lv.9:1-2 “En el día octavo, Moisés llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel; y dijo a Aarón: Toma de la vacada un becerro para expiación, y un carnero para holocausto, sin defecto, y ofrécelos delante de Jehová”.
Existen varias menciones al día octavo en el Antiguo Testamento, se le denominaba así debido a que era el día que seguía al séptimo. El séptimo era el Sábado, obviamente el día siguiente era Domingo, o primer día de la semana como se menciona preferentemente en el Nuevo Testamento.
Cuando fue dada la Ley, el principal día de la semana era el séptimo (o Sábado). ¿Por qué era de esta manera? Porque así lo exaltaba la Ley de Moisés durante ese período de figuras y ritos terrenales. Además, claramente lo indica Dios en Su Palabra que el Sábado fue dado como señal entre Dios e Israel.
 Ex.31:13 y 17 “Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel”.
La Biblia establece con mucha precisión, el tiempo en que el Sábado fue dado al hombre. El cual como se puede apreciar en el siguiente versículo, no fue dado al “hombre” desde el principio de la creación, sino que claramente señala que fue dado a Moisés.
Neh.9:14 “y les ordenaste el día de reposo santo para ti, por mano de Moisés tu siervo les prescribiste mandamientos, estatutos y la ley”.
También vale destacar que guardar el día Sábado era mucho más que tenerlo como un día de reunión. Implicaba una serie de observancias, que quebrantando una de ellas, invalidaba toda la ley del Sábado.
Por ejemplo, no bastaba con no hacer trabajos, sino que además no se podía aprovechar del trabajo de otros, lo que significaría en nuestros días que no se podría usar la luz eléctrica, porque se estaría aprovechando del trabajo de muchos que hacen posible que llegue la energía hasta nuestros hogares, lo mismo ocurriría con el teléfono, el agua, transportes y todos los servicios públicos.
También prohibía en forma explícita encender fuego ni cocinar, etc. Los judíos en Jerusalén, quienes no son cristianos, guardan estas y muchas otras observancias, por ejemplo, cocinan todo el día Viernes y el Sábado lo consumen frío.
Durante la dispensación de la ley, el Sábado tuvo una significancia notable, “porque entonces había que trabajar primero, para luego obtener el descanso de la salvación”. El orden era perfecto, primero trabajaban seis días, luego descansaban el séptimo.
Hoy, en el período de la iglesia en el que hemos recibido gracia sobre gracia, primero descansamos en la obra única y perfecta realizada por el Señor Jesucristo en la cruz del Calvario para obtener nuestra salvación, y luego trabajamos para él. Pero porqué trabajamos para él? Primero es por su soberanía, es el fruto de sus decretos irresistibles, porque además nos amó primero, nos salvó, nos ganó para él, entonces tenemos corazones agradecidos y le correspondemos de esa manara.
Ahora somos salvos por fe no por obras (Ef.2:8-9). Descansamos en el Señor porque él nos ha dado nuestra salvación, y luego trabajamos para su Gloria, por esas obras Dios nos ha prometido coronas en el cielo.
El día que el Señor bendijo en forma especial con su resurrección fue el Domingo, primer día de la semana, y tiene para nosotros una representación muy significativa con relación a su gracia.
Ef.2:8-9 “por gracia sois salvos por medio de la fe,…no por obras”.
lTim.4:10 “trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente”.
2Tim.4:5-8 “soporta las aflicciones…cumple tu ministerio…me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día”.
El ejemplo que nos legaran los primeros cristianos fue que se reunían el primer día de la semana, el Domingo.
El mismo Señor Jesucristo ensalzó en forma muy particular el día Domingo, escogiéndolo para su resurrección y para reunirse en forma especial con sus discípulos.
Por esta razón en la iglesia, se denomina el primer día de la semana como: el día del Señor.
El día Domingo en el Nuevo Testamento:
Mt.28:1 “Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro”.
Mr.16:9 “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana apareció primeramente a María Magdalena”.
Jn.20:19 “El primer día de la semana…los discípulos estaban reunidos,..vino Jesús”.
Jn.20:26 “Ocho días después (otro día Domingo), estaban otra vez sus discípulos dentro…llegó Jesús”.
Hch.20:6-7 “nos quedamos 7 días (Pablo llegó a Troas un día Lunes y aguardó hasta el Domingo, primer día de la semana, para participar de la Cena del Señor) el primer día de la semana, reunidos los discípulos PARA partir el pan”.
lCor.16:2 “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo”
¿Por qué cada primer día de la semana?
No se debía a que ese fuera el día de pago, no debemos olvidar que en aquellos días los trabajadores recibían su salario cada día (Lv.19:13). La única explicación lógica era porque ese día era el que se reunía toda la iglesia, como se entiende también en los versículos antes citados.
Bendiciones en Cristo y no te olvides de congregarte todos los días domingos, trata de no ser dominguero, es decir que solo asistes a la iglesia los domingos, debes ir a recibir palabra y crecimiento espiritual para alimentar a tu espíritu al menos tres veces por semana, allí está incluido el domingo. Gloria a Dios, es el día del Señor para los nacidos de nuevo y o el sábado como algunos dicen.

« ¡NUESTO GENERAL SUPREMO TIENE OJOS COMO LLAMAS DE FUEGO!»

 

Apocalipsis 19 11:16. Nueva Traducción Viviente (NTV)« El jinete sobre el caballo blanco
11 Entonces vi el cielo abierto, y había allí un caballo blanco. Su jinete se llamaba Fiel y Verdadero, porque juzga con rectitud y hace una guerra justa. 12 Sus ojos eran como llamas de fuego, y llevaba muchas coronas en la cabeza. Tenía escrito un nombre que nadie entendía excepto él mismo. 13 Llevaba puesta una túnica bañada de sangre, y su título era «la Palabra de Dios». 14 Los ejércitos del cielo vestidos del lino blanco y puro de la más alta calidad lo seguían en caballos blancos. 15 De su boca salía una espada afilada para derribar a las naciones. Él las gobernará con vara de hierro y desatará el furor de la ira de Dios, el Todopoderoso, como el jugo que corre del lagar. 16 En la túnica, a la altura del muslo, estaba escrito el título: «Rey de todos los reyes y Señor de todos los señores».
Algo raro también ocurre con la fe que es necesario entender para no sentirnos por momentos solos o desprotegidos y es que a la hora del examen el maestro calla. ¿Y por qué razón? Seguramente él tiene una buena razón y es la que trataré de decir en esta predica. Hay momentos donde el maestro enseña hablando pero hay otros que ensena en silencio en el examen, y allí ante la presión parece que aprendemos aún más. ¿Por qué, o para qué lo hace? La respuesta es sencilla pero profunda, para hacernos menguar y menguar en importancia. Su objetivo es que confiemos más y mejor en él, en su visión, en sus decisiones, en su plan, en su poder, y menos en nuestra voluntad. Sé que no voy a lograr darme a entender si no pongo otros ejemplos que a esta hora nos debe poner a meditar sobre estas cosas.
En futbol hay una expresión muy popular. ¡Sudar la camiseta! ¿Qué es sudar la camiseta? Es demostrar que se ha puesto toda la voluntad para ganar el partido.
¿Por qué pongo este ejemplo? Es necesario que sudemos la camiseta en el servicio a Cristo, pero a la vez que expresamos que ponemos toda nuestra voluntad, debemos entender que no depende de nosotros que podamos ganar cada partido, sino de la visión de Dios, de su estrategia y no la nuestra, de su tiempo más no del nuestro, por esto es que es necesario que él con las pruebas que nos pone nos haga menguar. Las reglas de Dios son distintas a las de los hombres. Ya vimos en predicas anteriores lo que nos ha ensenado, que no debemos huir a que nos ofendan, porque al ser ofendidos es la manera de ser los primeros después cuando haya perdón, y significa liderar y cambiar a los demás.
Para que nosotros hagamos estas cosas significa que Jesús nos amó primero y que sufrió primero, entregó su vida primero, fue tentado en todo primero, murió y resucitó primero, por nosotros y antes que nosotros. ¿Para qué? Para él ser el primogénito de los muertos, para saber todas las cosas por haberlas pasado como hombre y comprendernos, aunque como Dios ya lo sabía, lo sufrió también como hombre. Para qué? Para ser nuestro general que tiene la visión de decir hacia donde iremos como equipo.
Para que se entienda mejor debo poner otros ejemplos y más drásticos.
El primero de julio de 1916, a mitad del año y a mitad de la primera guerra mundial que duro de 1914 a 1918, ocurrió la batalla del Somme en la Francia ocupada por los alemanes. Las fuerzas británicas y francesas intentaron romper las líneas alemanas a lo largo de un frente de cuarenta kilómetros al norte y al sur del río Somme, en el norte de Francia. Eran unos prados preciosos nadie se imaginaría lo que allí ocurriría. En la primera línea de defensa, los alemanes tenían una larga trinchera a lo largo de los 40 kilómetros, pocos metros en la segunda línea de defensa era igual, pero esta vez estaban sobre lomas, o montículos, pero también bajo tierra habían hecho fortificaciones anti bombas, de manera que la artillería inglesa y a liada, casi no les haría ningún daño.
El general del lado del estado mayor ingles era Horatio Kitchener, se dice que no era brillante, ni inteligente, y que no entendía bien la guerra, no reaccionaba ante una estrategia militar como lo habría hecho, un verdadero hombre inteligente de guerra. Mandó a sus generales con sus hombres, enfrentarse contra el ejército Alemán dirigido por el general Fritz von Below, que combatía con una relación de fuerzas de 3 (y a veces 4) contra 1. Pero desgraciadamente Kitchener, ordenó que sus soldados cargaran mucho peso sobre ellos, porque pensaba que iban a ganar con facilidad. Los envió como tropas de posicionamiento cargadas con todo tipo de materiales y no tropas ligeras de asalto. Aun peor los mandó a marchar y no a correr tras las líneas enemigas porque supuso que la artillería que dispararía más de un millón de proyectiles sobre los alemanes, acabaría con ellos, lo que no ocurrió así. Tampoco mandó a hacer fortificaciones bajo tierra como los alemanes, porque suponía que debían avanzar y no estacionarse, por lo que sus tropas quedaron desprotegidas ante la artillería alemana. No escuchó los informes que vio cuando se los presentaron. Cuando le informaron que después del bombardeo inglés, la alambrada que esta antes de las trincheras alemanas estaba intacta, no hizo nada. No coordinó bien sus relojes con los de la artillería ni las tropas, por tanto no atacaron a la misma hora, sino que en los diferentes frentes hubieron retrasos. Esto contribuiría que si avanzaban en un punto, los harían retroceder por falta de apoyo.
Antes del ataque habían cavado varios túneles que llegaban bajo líneas enemigas, donde hicieron explotar gigantescas minas, pero el error más grande fue que no hizo que sus generales avanzaran coordinadamente hacia los tremendos hoyos generados por las gigantescas explosiones para tomar posición, dándoles a los alemanes hasta 7 minutos después de las explosiones para que las retomaran, y rearmaran sus nidos de ametralladoras, en aquellos gigantescos huracos hechos por las explosiones. Otro error es que no estaba en el lugar y que sus generales no eran tan brillantes como él, pensaban que él sabía lo que hacía, y aunque le informaban todo, la información siempre era tardía, pero también hacían decisiones como él las tomaba, de manera que también interpretaban mal los pocos informes de reconocimiento. Y la tragedia comenzó en la mañana del 1 de julio, cuando hizo avanzar a su gente, los alemanes repelieron el ataque fácilmente al ver a aquellos hombres marchar en una avanzada lenta, la que sería su tumba. Ese día, 1 de julio de 1916 a las 6 de la tarde ya había más de 67,000 bajas inglesas entre muertos y heridos. A las 12 del mediodía, ya habían muerto más de 20,000 ingleses y unos pocos alemanes. La carnicería fue horrible. Este hombre Horatio Kitchener no pudo ver sus errores y corregirlos, de manera que siguió cometiendo los mismos errores. Fueron tantos que hoy día se dice que cualquiera al darse cuenta de que solo hacía más de lo mismo, “cualquiera” no los hubiese cometido nuevamente. Y su resultado fue que cuando la batalla del Somme terminó el 23 de Julio, más de 1, 200,000 de sus hombres habían sido muertos o heridos, en la famosa guerra de trincheras.
Otro fracaso fue, la batalla de Galípoli o a batalla de los Dardanelos que tuvo lugar en la península turca de Galípoli en 1915, durante la Primera Guerra Mundial. Y como no le bastó solo diré otro error terrible de este hombre ciego, tuvo otro fracaso, mandó a Galípoli a morir a otros 67,000 hombres novatos mal equipados, ingleses, franceses, australianos y neozelandeses, en un ataque de la marina terriblemente mal diseñado, mal coordinado, y sin suministros, que fue repelido tan solo por 1500 hombres turcos exhaustos comandados bajo el mando del general alemán Otto Liman von Sanders.
Perdón por lo que diré pero no me puedo imaginar ponerme en el lugar de esos pobres hombres que fueron a morir por las ordenes de un tonto y ciego como Kitchener. Yo no me pondría en esa posición de ser desecho por las ametralladoras enemigas solo porque un estúpido lo dijo. Pero respetuosamente ellos sí, ciertamente fueron heridos o muertos por las decisiones de Kitchener, mientras él estaba seguro, y muy lejos del frente de batalla.
Pero con Jesucristo no ocurre así, sino que fue él solo al frente de batalla antes que nosotros, para que no fuésemos nosotros. Él fue quien murió en nuestro lugar. Él fue el que sudó la camiseta y quedó empapada con hasta con la última gota de su sangre. Porque? Porque pudo ver que esa era la estrategia que funcionaría, por esto la Biblia dice, que es mejor que muera un solo hombre y no todo el pueblo.
Nosotros somos los soldados que queremos ir a la batalla, al frente de guerra, y el Señor Jesús nos dice con su visión fina como de águila, como de ojos de llama de fuego: ¡Alto aún no, debes menguar y confiar en mí, hasta cuando yo lo diga, y cómo te diga! Sé lo mucho que quieres hacer cosas por mí, pero recuerda que yo soy un general efectivo y llegarás a las alturas de la gloria en la tierra en servicio militar para mí, cuando yo te haga llegar a mí manera y cuando no te traiga orgullo de la carne, entonces me darás las gracias. Recuerda que yo todo lo veo, mis ojos son como llamas de fuego, no soy como los hombres ciegos de la tierra, y tú vas con los ojos de la fe.
Sé que no es fácil, te toca esperar en mí, por tanto confiar en mi examen, en mi entrenamiento. Probablemente te sentirás inútil, como un soldado bien preparado y armado hasta los dientes sin poder combatir, pero no serás tú quien hará las cosas sino yo, porque para eso yo fui primero a morir por ti, para enseñarte a menguar por mí, y para mí, Crees que no estás haciendo nada, pero estás haciendo un combate misterioso, y es que cada vez, por la prueba cuando recrudece, crees y crees más, y más que yo voy a intervenir, tú me esperas y ten por seguro que así será, un día voy a cumplir con tu fe, y lo haré, intervendré como quieres, como lo has estado esperando y como te he estado preparando, pero lo haré con mí estrategia, la que que yo te diré.
Por esto es necesario que mengues en importancia para que yo sea el importante en tu vida, esto fue lo que pasó con Juan el bautista, tuvo que menguar para que yo tomara su puesto en importancia porque yo soy el Rey que sí sé hacer bien verdaderamente las cosas, soy el designado de mi Padre, para esto me envió. Tú lección y la forma de tu combate es: confiar en mí, creer, creer, esperar, volver a confiar en mí, volver a creer, esperar, anhelar mi intervención, clamar con gran clamor que es como exigir, que yo haga las cosas, con una cadena de eventos, condiciones situaciones circunstancias, y mi tiempo perfecto, entonces habrás quitado territorio a líneas enemigas sin bajas, habrás avanzado y triunfado. Y me darás la gloria cuando veas que mi estrategia era la perfecta. Recuerda que yo soy un general efectivo y verás que con la espada afilada que sale de mi boca, derribo a las naciones y las hago temblar. Tú eres mi soldado efectivo y eficiente, mi proyectil que siempre da en el blanco. No te desesperes, ten fe, ten paciencia. Espera en mí, confía en mí, yo sí puedo, y lo haré.