« ¡Una fiesta de honor!»

 

En una gran casa con muchos sirvientes había una gran fiesta. Todo estaba preparado intachablemente, el lujo era espectacular. Por toda la casa se respiraba un ambiente fresco, muy agradable y alegre. Todos los sirvientes de un gran señor, muy rico, trabajaban en atender los invitados que iban llegando. En el hermoso jardín jugaban muchos niños que habían asistido a la fiesta. Había muchos arreglos de flores aromáticas y otros adornos estaban siendo colocados por todos lados. Había muchas cortinas de fiesta, músicos, chefs, bocadillos, vino y más. La casa era toda de color blanco. El cielo era azul, era un hermoso día. Se podían ver a los invitados sentirse como en casa, Un joven muy apuesto y vestido todo de blanco se paseaba por la casa con una copa de vino en la mano derecha. Parecía como si se reencontrara con la casa. Bajó las gradas hacia la primera planta y había allí una jovencita que arreglaba las flores de los arriates internos. El joven le preguntó con una gran alegría:
— ¿Y tú cómo te llamas?
—Ah, Sedimar mi Señor.
—Anda no me digas señor, yo soy igual que ti.
—Esta fiesta es en su honor mi Señor, su Padre ha pedido que todos lo honremos, le ha dado la bienvenida nuevamente a su casa, con todos estos regalos y con la fiesta.
—Es que me vas a hacer sonrojar.
—Hace poco nos han avisado que su Padre se va a presentar a la celebración y me puede ver que no lo estoy honrando al no trabajar como su Padre lo mandó.
—Pero si hasta hace unas horas yo no era nadie, solo era un vagabundo sin hogar que comía algarrobas que les sobraba a los cerdos. ¿Y ahora todo esto? Me siento un poco abrumado amiga.
—No me diga amiga mi señor, porque soy su sirviente, usted es el hijo de mí Señor, y yo…
—Está bien te llamaré por tu nombre, Sedimar. Verás solo quería empezar a conocerlos a todos ustedes.
De pronto un Señor muy fino y educado bajó hacia el lugar de la tarima. Su atuendo era fantástico, tenía ropas blancas y muy finas, pero él parecía solo estaba en casa. Tomó el micrófono y llamó a su hijo. Lo abrazó, puso su cabeza sobre su pecho y lloró con él. Se sentía un gran amor en el ambiente, los invitados también lloraban. El joven, cayó de rodillas y puso su cabeza sobre su regazo. Transcurrió un tiempo mientras los músicos tocaban un vals muy emotivo. Los invitados bailaban haciendo un gran festejo por el reencuentro de aquel hombre mayor de barba blanca muy bien cortada y su hijo imberbe.
Cuando terminó aquella música los invitados le pidieron que por favor, les contase como se sentía y como es que era que había regresado.
El joven muy dudoso, aun secándose las lágrimas, se levantó con la venia de su Padre, tomó el micrófono y dijo primero serio, pero después graciosamente:
—Me siento muy honrado…
Pero a la vez muy avergonzado…
No esperaba tal recibimiento.
Les diré lo que más siento en éste momento. Es lo que puedo expresar por ahora.
Me sentía solo, triste y abandonado. Había despilfarrado la fortuna que mi Padre me dio en herencia. En vicios y pecados. Pensé que encontraría la verdadera libertad pero me equivoqué. Cuando me gasté todo, no tenía que comer. Nadie volvía por mí, así que busque trabajo, pero no hallaba. Las cosas empezaron a salir mal. Aguanté mucha hambre. Un hombre me dio trabajo en su hienda, era lo que nunca yo me imaginé hacer, pero no tuve más opción, acepté. Trabajé en la porqueriza. Me unté de fango y de excremento de cerdos. Ustedes saben que para nosotros los judíos esos son animales inmundos, es lo peor. La paga era casi nada, así que yo tenía mucha hambre y no alcanzaba a cubrir mis sustento y vivienda. Llegué al punto que sólo añoraba comer de las algarrobas de los cerdos, y no lo niego, sacié mi hambre con ellas, muchas veces, me sentí muy mal, igual que un cerdo. También me sentí sucio, inmundo, desolado, huérfano, pero comprendí que era mi culpa. Yo, y mi pecado, me había llevado hasta esa situación. Allí fue donde me acordé de mi Padre y su casa, en fin su hacienda. Quise volver a donde él, pero la culpa me decía que había sido un ingrato, mal hijo y descarado. Pero puedo más volver a verlo y ser aunque fuese un servidor de él, ya que sabía que él si trataba bien a sus sirvientes. Por tanto yo quería ser uno de ellos, para al menos comer bien y gozar de su seguridad, pero ya no como un hijo, porque, él ya me había dado mi parte de la herencia, entonces sería su sirviente.
Tomé la decisión de volver. Mi sorpresa fue que él me había estado esperando, ¡todos los días me había esperado! A cada momento, miraba hacia el camino a casa, para saber si yo venía. Este día muy temprano, yo venía por ese camino y él me miró primero. Salió corriendo a mi encuentro gritando mí nombre. Movido a misericordia lloraba por mí, me anhelaba. Yo corrí de alegría al verlo. De pronto solo recuerdo que me abrazó muy fuerte, sentí su velludo y fuerte pecho en mi mejilla, eso me dio mucha seguridad. En verdad pude sentir su gran amor por mí, de cuanto me amaba, y cuanto me ama. De pronto me besó una mejilla y después la otra. Yo no podía entender por qué, si fui tan injusto con él. Le dije que había pecado contra el cielo y contra él, que no merecía ser llamado su hijo, pero él me hacía sentir más su amor, me puso unas vestiduras blancas, y zapatillas nuevas, estas que tengo puestas, me dio un anillo de honor, miren como brilla, mando a que mataran su mejor cordero para que yo me lo comiera, porque me vio hambriento, y mandó a todos sus sirvientes hacer esta fiesta en honor a mí. ¿Y cómo creen que me siento? Abrumado, no sé qué decir, solo cuento me experiencia. Ayer era un don nadie, y vie confiadamente al trono de la gracia de mi Padre, y él me recibió con los brazos abiertos. No quiso recibirme como un sirviente como yo lo deseaba, sino que me ha dado el puesto de hijo nuevamente. Me he enterado que quiere que todos sus sirvientes me traten con respeto y me digan Senior, me ha honrado con esta fiesta para que todos ustedes sepan que soy su hijo, que está orgulloso que he regresado a su lado, y a la vez para darme un lugar de honor y honra, el cual creo que no merezco, pero sé que su regalo es inmerecido y de recibirlo humildemente, porque este es el puesto que él quiere que yo tenga.
De pronto el Padre llamó a su hijo para que se sentara a su diestra, como queriendo decirles a todos que era primero en todo.
El hijo continuó diciendo, viéndole a los hijos y con sollozos, me enteré que el cordero que mataste para mí, te ha costado muy caro, era muy tuyo, y me lo diste sin ninguna condición previa, ¿? Y ahora me mientras a tu derecha frente a todas estas personas para honrarme más? Ahora se verdaderamente que me amas de verdad y no tengo como pagarte, pero puedo acceder a ti cada vez que quiera y tu gran amor me recibirá siempre con los brazos abiertos.
Todo el mundo, celebraba con ellos, gritaba sus nombres, bailaban y brindaban llenos de alegría por lo que había pasado. Aquella fiesta de honor y amor puro.
Esto me reveló personalmente Dios que sucede cuando cada vez que vamos a orar, sabiendo que nos ama y que lo encontraremos, sabiendo que vamos con una actitud humilde como la del hijo pródigo, o perdido, diciéndole que hemos pecado contra él y que no merecemos nada de él. Entonces Dios nos honra, nos sana, nos viste, nos calza, besa, abraza, prepara una gran fiesta, porque mató a su cordero por nosotros, a su único hijo para que ahora gocemos de sus riquezas y beneficios, Dios que es extremadamente sensible, llora con nosotros igual que el Padre de la parábola del hijo perdido. Se alegra con nosotros cuando nos alegramos.
Parábola del hijo perdido
11 Para ilustrar mejor esa enseñanza, Jesús les contó la siguiente historia: «Un hombre tenía dos hijos. 12 El hijo menor le dijo al padre: “Quiero la parte de mi herencia ahora, antes de que mueras”. Entonces el padre accedió a dividir sus bienes entre sus dos hijos.
13 »Pocos días después, el hijo menor empacó sus pertenencias y se mudó a una tierra distante, donde derrochó todo su dinero en una vida desenfrenada. 14 Al mismo tiempo que se le acabó el dinero, hubo una gran hambruna en todo el país, y él comenzó a morirse de hambre. 15 Convenció a un agricultor local de que lo contratara, y el hombre lo envió al campo para que diera de comer a sus cerdos. 16 El joven llegó a tener tanta hambre que hasta las algarrobas con las que alimentaba a los cerdos le parecían buenas para comer, pero nadie le dio nada.
17 »Cuando finalmente entró en razón, se dijo a sí mismo: “En casa, hasta los jornaleros tienen comida de sobra, ¡y aquí estoy yo, muriéndome de hambre! 18 Volveré a la casa de mi padre y le diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19 Ya no soy digno de que me llamen tu hijo. Te ruego que me contrates como jornalero’”.
20 »Entonces regresó a la casa de su padre, y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio llegar. Lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó. 21 Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de que me llamen tu hijo[a]”.
22 »Sin embargo, su padre dijo a los sirvientes: “Rápido, traigan la mejor túnica que haya en la casa y vístanlo. Consigan un anillo para su dedo y sandalias para sus pies. 23 Maten el ternero que hemos engordado. Tenemos que celebrar con un banquete, 24 porque este hijo mío estaba muerto y ahora ha vuelto a la vida; estaba perdido y ahora ha sido encontrado”. Entonces comenzó la fiesta.
25 »Mientras tanto, el hijo mayor estaba trabajando en el campo. Cuando regresó, oyó el sonido de música y baile en la casa, 26 y preguntó a uno de los sirvientes qué pasaba. 27 “Tu hermano ha vuelto —le dijo—, y tu padre mató el ternero engordado. Celebramos porque llegó a salvo”.
28 »El hermano mayor se enojó y no quiso entrar. Su padre salió y le suplicó que entrara, 29 pero él respondió: “Todos estos años, he trabajado para ti como un burro y nunca me negué a hacer nada de lo que me pediste. Y en todo ese tiempo, no me diste ni un cabrito para festejar con mis amigos. 30 Sin embargo, cuando este hijo tuyo regresa después de haber derrochado tu dinero en prostitutas, ¡matas el ternero engordado para celebrar!”.
31 »Su padre le dijo: “Mira, querido hijo, tú siempre has estado a mi lado y todo lo que tengo es tuyo. 32 Teníamos que celebrar este día feliz. ¡Pues tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida! ¡Estaba perdido y ahora ha sido encontrado!”»