«Todo el que ha oído y aprendido del Padre, viene a mí»

Juan 6:55 …54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. 55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él.…
En el año 2008, tuve una oportunidad de hablar que «¡Jesús es la mejor medicina cuando hay fe!», después de una reunión de oración en mi casa, una hermana de la congregación a la que llamaremos Eudora, me pidió unos minutos para hablar conmigo. Me comentó que su hermana Carmen estaba muy enferma. Me pidió que orara por Carmen por comunicación telefónica, yo le contesté que con gusto lo haría. Le llamó de su teléfono móvil y me pasó el teléfono, le pregunté a la enferma, si había ido donde el médico. Ella me respondió que no, porque no lo necesitaba, que Jesús la sanaría, que ya lo había hecho antes. Además añadió: Los médicos no sirven para nada, en el pasado no pudieron hacer nada por mí sólo Jesús, y si los visito entonces Jesús ya no me va a sanar. Pude percibir mucha actividad del mal en esta mujer, y que probablemente no había nacido de nuevo. Carmen agregó, que Jesús antes ya había sanado de un tumor cancerígeno en su estómago, que de pronto después de una oración a Jesús había desaparecido, y que había asistido a la iglesia, pero que se había alejado nuevamente por una gran pobreza que le sobrevino, y a la falta de dinero entonces había vuelto a su antiguo trabajo. Su hermana Eudora interrumpió la conversación diciéndome, “hermano, ella es bruja”, estaba desahuciada por los médicos, él Señor ya la sanó una vez de cáncer terminal y ella volvió a las andadas por $600 al mes que recibe de sus clientes. Le pregunté a Carmen con que demonio trabajaba. Y ella me dijo: con “Manchimón”, es decir “San Simón”. Yo le dije ¿Cómo? Ella añadió, “se me presenta en sueños me dice que hacer y así hago los trabajos”. “Pero siento que pierdo mi vida, siento que estoy muriendo, no sé que tengo”. Eudora interrumpió con llantos diciendo, por $600 al mes va a perder su alma y va ir a parar al infierno. Carmen también lloraba y con su voz entrecortaba aseguraba que se sentía muy mal de salud. Añadió: Ese demonio me ha dicho que antes que la deje de nuevo, me va a matar. Tengo miedo, yo ya no quiero seguir en esto, quiero dejar esta mala vida, e ir a la iglesia. Yo le prediqué de Jesucristo, su salud y su poder y oré por ella. Como ambos nos mudamos de casa, yo me vine de los Planes de Renderos a San Salvador y Eudora se fue lejos, nos perdimos la pista, pero una vez que me encontré con Eudora, después de saludarla muy alegremente, le pregunté por su hermana Carmen y me dijo con una gran sonrisa: “Ella está bien!” “Está sana!” Dejó su antigua vida, y ahora juntas nos congregamos en la iglesia con sus hijas y mis hijas.
Yo entiendo que no tiene nada que ver, el hecho de ir a ver al médico que Dios mismo ha dejado para que nos cure, con la fe hacia el médico de médicos, JESUCRISTO, que puede curar cualquier mal.
Una cosa es honrar a Dios, visitando los médicos, que por cierto es bueno. La otra es cuando se da la condición de la fe que agrada a Dios, pues también Dios sana sin medida, entonces se da la bendición de la sanidad divina. Pero: ¿Cuándo se cumple esta condición? Solo cuando hay verdadera fe.
Jesús es Dios. Él es el medico de médicos por excelencia, Dios lo dejó para ser salud a las naciones. Él puede curar el peor mal, o toda enfermedad, por más maligna y mortal que sea, por más difícil o imposible, Jesús siempre tiene la cura porque sólo ÉL ES LA CURA.
Pero no sana a todos, únicamente a los que tienen fe, en que él puede hacer lo imposible porque es Dios. Esto es una condición, se da al creer y se cumple en esto: El que come mi carne y bebe mi sangre que es verdadera comida y verdadera bebida. El que come y bebe de Jesús es el que cree, el que cree es el que lo come y recibe, porque Jesús permanece en él y ésta persona que cree está en JESÚS.
Jesús les dijo estas palabras de comer su cuerpo y beber su sangre a sus seguidores y a sus discípulos, como resultado los 70 lo abandonaron, y los discípulos dijeron: V 60: Dura es esta declaración; ¿quién puede escucharla?
Unos versículos antes Jesús les había dicho: 47 En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Jesús continúa diciéndoles: 51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo también daré por la vida del mundo es mi carne. Jesús ha vuelto a insistir en esas mismas palabras, por la crucial importancia que tiene esta declaración para las personas que han de creer. ¿Porque? Porque de creerlas, dependen tanto el hecho de obtener la salvación, como la salud integral del cuerpo: 53 Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. Que impresionantes palabras, debemos entenderlas porque si no, no tendremos “Vida” en nuestro interior, no recibiremos sanidad de ninguna de nuestras enfermedades y no seremos resucitados en el último día.
Jesús sabiendo lo que sus discípulos murmuraban les añade fulminantemente: 61 Pero Jesús, sabiendo en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza? 62 ¿Pues qué si vierais al Hijo del Hombre ascender adonde antes estaba? 63 El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. 64 Pero hay algunos de vosotros que no creéis.
En otras palabras: Soy el pan del cielo porque de allá vengo. ¿Y qué si me viereis ascender adonde antes yo estaba? ¿Esto os escandaliza? El Espíritu Santo es el que da vida al que cree, la carne para nada aprovecha, las cosas físicas orgánicas que ustedes comen salen del cuerpo cuando van a la letrina, mientras que las palabras que yo os he hablado son espirituales, son Espíritu y son vida, y se guardan en el espíritu y en la mente de ustedes, por esto el que las cree recibe, vida, salvación, salud, el que cree en mí aunque esté muerto espiritualmente, vivirá porque soy la vida, pero hay muchos en éste mundo que no me creen. Si tan solo me creyesen, recibirían vida, salvación, salud, pero no me creen porque no han oído a mi padre, porque no son de Dios. 45 Escrito está en los profetas: “Y TODOS SERAN ENSEÑADOS POR DIOS. Todo el que ha oído y aprendido del Padre, viene a mí.
¿Quiénes son todos los que serán enseñados por Dios? “Todo el que ha oído y aprendido del Padre, viene a mí.” ¿HAS OIDO Y APRENDIDO DEL PADRE? ¿TE HA GUIADO EL PADRE? Si lo ha hecho, es que eres de Dios, Y EL PADRE TE TRAERÁ A JESUCRISTO SI AÚN NO LO HA HECHO, Y SI YA LO HIZO, EL PADRE FUE QUIEN TE TRAJO A DONDE JESUCRISTO, PARA QUE TE SALVE. ¿Y los que no son guiados por el Padre? Jesús mismo da la respuesta: Les dice sólo a los que lo siguen, Por eso les digo que 44 Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió, y yo lo resucitaré en el día final. Y continuaba diciéndoles. 65 Y decía: Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo ha concedido el Padre. En otras palabras, los que no son de Dios, no lo pueden escuchar, entonces tampoco pueden venir a Jesús, quien los puede salvar. Hay que pedir misericordia a Dios.
Sin embargo los escogidos de Dios si creen, no le venden, no le entregan, no lo traicionan, reaccionan de su mal proceder con arrepentimiento, mientras que los que no creen, no tienen remordimientos, como si Jesús no vale nada, mientras que Júdas el traidor le vendió porque no creía en él, así igual los que no creen en Jesús, le venden, lo niegan para siempre, lo insultan, lo traspasan con sus palabras, lo traicionan, y no necesitan de él por las palabras que Jesús dice. 67 Entonces Jesús dijo a los doce: ¿Acaso queréis vosotros iros también? 68 Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69 Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios. 70 Jesús les respondió: ¿No os escogí yo a vosotros, los doce, y sin embargo uno de vosotros es un diablo? 71 Y El se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, porque éste, uno de los doce, le iba a entregar.
Veo claramente aquí con judas, una doctrina, la de los reprobados al igual que el Faraón de Egípto que murió en el mar rojo. Judas no creyó, no escuchó al Padre, y Jesús le llama un diablo.
Mientras que en otro caso una mujer, la mujer del flujo de sangre, en una histoira asombrosamente extraordinaria recibe todo por la fe. Revisémoslo.
Marcos 5 25 Y una mujer que había tenido flujo de sangre por doce años, 26 y había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, sino que al contrario, había empeorado; 27 cuando oyó hablar de Jesús, se llegó a El por detrás entre la multitud y tocó su manto. 28 Porque decía: Si tan sólo toco sus ropas, sanaré. 29 Al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba curada de su aflicción. 30 Y enseguida Jesús, dándose cuenta de que había salido poder de El, volviéndose entre la gente, dijo: ¿Quién ha tocado mi ropa? 31 Y sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te oprime, y dices: “¿Quién me ha tocado? 32 Pero El miraba a su alrededor para ver a la mujer que le había tocado. 33 Entonces la mujer, temerosa y temblando, dándose cuenta de lo que le había sucedido, vino y se postró delante de El y le dijo toda la verdad. 34 Y Jesús le dijo: Hija, tu fe te ha sanado; vete en paz y queda sana de tu aflicción.
Acerquémonos a Jesús con amor, con confianza, con fe, con alegría, él está puesto por el Padre para ser nuestro médico en todo sentido. Jesús nos va a sanar de todo mal. Primero de la muerte espiritual, por el nuevo nacimiento, por el arrepentimiento, por la fe y por la justificación.
Lucas 5:30 Y los fariseos y sus escribas se quejaban a los discípulos de Jesús, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los recaudadores de impuestos y con los pecadores? 31Respondiendo Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. 32No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
Ven a Cristo, hoy ven a Cristo, humíllate, doblégate, póstrate, dobla tus rodillas
A los que se alejaron de Dios y volvieron a caer en enfermedades el Padre les dice hoy.
Jeremías 33 …5“Mientras ellos vienen a pelear contra los caldeos y a llenarlas con los cadáveres de los hombres que herí en mi ira y en mi furor, pues yo había escondido mi rostro de esta ciudad a causa de toda su maldad, 6he aquí, yo le traeré salud y sanidad; los sanaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad. 7“Restauraré el bienestar de Judá y el bienestar de Israel y los reedificaré como eran al principio.…
Ven oremos.
Señor Jesús. Tú eres mi Salvador, tú eres mi sanador, creo en ti, tú eres la vida, tú eres Dios. Tu carne y tu sangre de verdad aprovechan y son vida, salud para mi espíritu, alma y cuerpo. Bendigo con tu preciosa sangre mi sangre, mi cuerpo, mi alma, mi espíritu, tu nombre es de bendición, nombre sobre todo nombre, bendigo mi vida en el nombre de Jesús. Amen.