« EL PELIGRO DE LA INGRATITUD. ¡No seas ingrato!»

 

Diez leprosos son sanados. Lucas 17:11-17. Nueva Traducción Viviente (NTV)
11 Mientras Jesús seguía camino a Jerusalén, llegó a la frontera entre Galilea y Samaria. 12 Al entrar en una aldea, diez leprosos se quedaron a la distancia, 13 gritando:
—¡Jesús! ¡Maestro! ¡Ten compasión de nosotros!
14 Jesús los miró y dijo:
—Vayan y preséntense a los sacerdotes.
Y, mientras ellos iban, quedaron limpios de la lepra.
15 Uno de ellos, cuando vio que estaba sano, volvió a Jesús, y exclamó: «¡Alaben a Dios!». 16 Y cayó al suelo, a los pies de Jesús, y le agradeció por lo que había hecho. Ese hombre era samaritano.
17 Jesús preguntó: «¿No sané a diez hombres? ¿Dónde están los otros nueve? 18 ¿Ninguno volvió para darle gloria a Dios excepto este extranjero?». 19 Y Jesús le dijo al hombre: «Levántate y sigue tu camino. Tu fe te ha sanado».
La ingratitud es una mala actitud. La gratitud también es una actitud. Se define actitud como la manera de estar alguien dispuesto a comportarse u obrar. Se reconoce la actitud de alguien por la postura del cuerpo que revela un estado de ánimo.
Mientras que la gratitud es un sentimiento de estima y reconocimiento que una persona tiene hacia quien le ha hecho un favor o prestado un servicio, por el cual desea corresponderle, contrariamente y según el diccionario la palabra ingratitud es:
Falta de agradecimiento. Desagradecimiento, o falta de reconocimiento de los favores recibidos.
Pero lo que más aflige es que para alguien no llegue a reconocer los favores recibidos que otra persona le ha hecho, implica estar ciego. Es como no ver todo lo que se hace y se ha hecho en su favor. Obviamente si la persona que recibe el beneficio no mira lo que ha recibido la actitud que mostrará es que pasará de largo como si nada, y se irá por otro lado sin agradecer. De manera que no dará honra a quien se tomó el tiempo y recursos para honrarlo.
Martín Lutero dijo esta frase: Tengo tres perros peligrosos: la ingratitud, la soberbia y la envidia, cuando muerden dejan una herida profunda.
Miguel de cervantes dijo: La ingratitud es hija de la soberbia.
José Luis Coll dijo: Cualquier tipo de maldad es el trueno; la ingratitud es el rayo. El trueno asusta pero el rayo mata.
Séneca dijo: Ingrato es el que niega el beneficio recibido; ingrato es el que lo disimula, más ingrato es quien no lo devuelve, y mucho más ingrato es quien se olvida de él.
Me queda claro que en respuesta a la ingratitud, siempre habrá un reclamo.
Jesús dijo: ¿No eran diez los que sané? ¿Dónde están los otros nueve Israelitas ingratos que sané? ¿Acaso solo este Samaritano volvió para agradecérmelo y a reconocer el beneficio que le hice?
Yo veo claramente una estadística Bíblica aquí. Solo el diez por ciento mostrarán gratitud, mientras que el 90% restante nos herirá el corazón, por la mordida profunda y nos pagará con soberbia e ingratitud. Unos negarán el beneficio recibido, otros lo disimularán, y ciertamente no devolverán nada y se olvidarán hasta de nosotros.
Es evidente que la ingratitud nos golpea y causa una herida en nuestro corazón.
Un ejemplo es la historia de un hombre que salvó a 16 personas de ahogarse en aguas gélidas en Canadá. Dos embarcaciones habían chocado, sumaban 300 personas. El hombre las logró salvar nadando y llevándolas a salvo, a un costo muy caro. Quedó inválido por el esfuerzo, sus ligamentos, sus nervios de su columna y piernas prácticamente se deshicieron. Años más adelante, en una celebración de su cumpleaños, le preguntaron muy alegres coreándole, sobre que tenía que decir por lo que había hecho y si había valido la pena porque ahora era invalido y le costaba la ganarse la vida. Él contestó, con una gran tristeza ninguno de los 16 ha venido a darme las gracias, nadie me ha mostrado gratitud, sino ingratitud.
Pero León Tolstoi dijo: A un gran corazón, ninguna ingratitud lo cierra, ninguna indiferencia lo cansa. Creo que ese solo es el corazón de Cristo. Nunca se cansa de hacernos bien. Por esto debemos decidir ser hacer el bien como él, aún si nos pagan mal.
Sin duda, en el pasado, fuimos ingratos con muchas personas que nos hicieron el bien, (parientes, amigos) por la razón que haya sido, de alguna manera, terminamos pagándoles mal el bien que nos habían dado. Debemos pedirles perdón cuando Dios nos vuelva a acercar a ellas, de la siguiente manera:
Te quiero pedir perdón por mi ingratitud, me quejé de ti e hice lo que a tus ojos viste que hice mal, y reconozco que obre mal. Actué injustamente porque, pero no fue por maldad, sino que tenía muchos problemas que me cegaron, eran como una herida en mi corazón. Esperé más de ti de lo que debía y me sentí defraudado de ti. Al final, las cosas salieron mal porque en verdad, yo no esperaba en Dios, ahora si lo hago. Espero que me perdones que volvamos a empezar, yo prometo que tendré mucho cuidado, pero te afirmo que ya entendí que no debo ser ingrato. Permíteme mostrarte mi gratitud. Dame la oportunidad de hacerlo. Pero olvidemos el pasado y comencemos de nuevo.
Génesis 26:34-35Reina-Valera 1960 (RVR1960)
34 Y cuando Esaú era de cuarenta años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri heteo, y a Basemat hija de Elón heteo;
35 y fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca.
Ciertamente esta realidad nos golpea cuando convivimos con personas que continuamente nos muestran ingratitud o le muestran ingratitud a Dios. Pueda que no se den cuenta, pero al final se verán con el peligro final de ser ingratos que ya lo diré más adelante. Pueda ser que simplemente no les importa tener esa actitud debido a su egoísmo. O simplemente no les ensenaron a ser agradecidos con las personas y a tratar a todos bien y con amor. Pero lo cierto es que las personas ingratas caen más abajo, porque las puertas se les cierran. Estas mujeres Judit y Basemat, eran idolatras, habían llegado a la casa de sus suegros Isaac y Rebeca, quienes vivían una vida quieta y piadosa. Pero que hicieron ellas para que la escritura diga “Y fueron amargura de espíritu a Isaac y a Rebeca”. La vida de pecado que llevaban, estas hijas del mundo ejemplo de que un hijo bueno de Dios no debe casarse con este tipo de mujeres, denota que eran ingratas y malas. No era dolor provocado porque ellas eran más espirituales y más santas que sus suegros, sino al contrario, ellas eran yugo desigual.
Jesús mandó a los 10 leprosos inmundos que se presentasen ante el sacerdote, quien los había pronunciado leprosos, para que los declarara limpios en una ceremonia que duraba 16 días. Ellos estaban descarnados, sin algunos dedos o manos etc., sucios golpeados por la enfermedad, por haber perdido a sus esposas, hijos, casas, execrados de la sociedad por las palabras del sacerdote según la ley. Pero ahora tenían la posibilidad de reintegrarse a la sociedad, aunque los rechazaran al menos ya no andaban como antes.
Los leprosos deambulaban desamparados, eran obligados a vivir en un campamento anónimo aislado, fuera del pueblo, porque la ley se les ordenaba a los leprosos que se quedaran por lo menos a 100 pasos a 18.58 más o 28 metros, es decir prácticamente a casi 20 a 30 metros de todos los demás, esto es doloroso. Y cuándo la gente caminaba cerca de los leprosos, ellos tenían que gritar: “¡Inmundo, inmundo!” El leproso en la Biblia es sinónimo de pecador, y de estar destruido por el pecado.
Jesús le había dicho a otro leproso: “Ve, y muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, según Moisés ordenó, para testimonio a ellos.” (Lucas 5:14).
En Levítico 14 está lo que los ex leprosos debían hacer, una serie de ritos y ceremonias altamente religiosas que eran simbólicas tipos usados para enseñar al pueblo sobre la gloria del Mesías. Lo dice Levítico 14. Leerlo todo para entender las ceremonias de la purificación de las enfermedades cutáneas.
La pregunta que Jesús hace a sus discípulos me impacta: ¿Y dónde están los otros de mi casa Israel? ¿Sólo ha venido a darle las gracias a Dios este extranjero samaritano?
Los 9 Israelitas ingratos estaban sumergidos en los ritos y ceremonias de la religión, porque allí se refugiaron en lo “seguro”, pero nunca fueron a dar las gracias a quien lo sanó al Señor de los milagros. Solo un samaritano que no era religioso legalista fue después de los 16 días a darle las gracias y alabar al Mesías. Quiso conocerlo, quiso saber quién era, porque solo lo había visto a unos 18.58 más o 28 metros de distancia.
Muchas personas que han recibido favores de Jesucristo, están haciendo lo mismo, que hicieron los 9 leprosos sanados. Dios les hizo grandes milagros pero ellos ahora no están buscando a Jesús para servirle a él con gratitud, sino que se han vuelto a la religión, a los ritos, a la religiosidad, para cumplir la que su ley religiosa y su sacerdote les ordena hacer, pero están lejos del Señor de los milagros, de quien los sanó. Otros hablan mal de los pastores siervos de Dios, como si todos fuesen Judas Iscariote que en si ingratitud vendió al maestro por 30 monedas.
¿Y tú que Jesucristo te ha sanado de tu lepra, como le vas a mostrar el favor recibido?
La gratitud mostrada de una mujer hacia Jesús.
Lucas 7:37-48Nueva Traducción Viviente (NTV)
37 Cuando cierta mujer de mala vida que vivía en la ciudad se enteró de que Jesús estaba comiendo allí, llevó un hermoso frasco de alabastro lleno de un costoso perfume. 38 Llorando, se arrodilló detrás de él a sus pies. Sus lágrimas cayeron sobre los pies de Jesús, y ella los secó con sus cabellos. No cesaba de besarle los pies y les ponía perfume.
39 Cuando el fariseo que lo había invitado vio esto, dijo para sí: «Si este hombre fuera profeta, sabría qué tipo de mujer lo está tocando. ¡Es una pecadora!».
40 Entonces Jesús respondió a los pensamientos del fariseo:
—Simón —le dijo—, tengo algo que decirte.
—Adelante, Maestro —respondió Simón.
41 Entonces Jesús le contó la siguiente historia:
—Un hombre prestó dinero a dos personas, quinientas piezas de plata[a] a una y cincuenta piezas a la otra. 42 Sin embargo, ninguna de las dos pudo devolver el dinero, así que el hombre perdonó amablemente a ambas y les canceló la deuda. ¿Quién crees que lo amó más?
43 Simón contestó:
—Supongo que la persona a quien le perdonó la deuda más grande.
—Correcto —dijo Jesús.
44 Luego se volvió a la mujer y le dijo a Simón:
—Mira a esta mujer que está arrodillada aquí. Cuando entré en tu casa, no me ofreciste agua para lavarme el polvo de los pies, pero ella los lavó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. 45 Tú no me saludaste con un beso, pero ella, desde el momento en que entré, no ha dejado de besarme los pies. 46 Tú no tuviste la cortesía de ungir mi cabeza con aceite de oliva, pero ella ha ungido mis pies con un perfume exquisito.
47 »Te digo que sus pecados —que son muchos— han sido perdonados, por eso ella me demostró tanto amor; pero una persona a quien se le perdona poco demuestra poco amor.
48 Entonces Jesús le dijo a la mujer: «Tus pecados son perdonados».
El peligro es que el ingrato nunca prospera. Como es desagradecido pierde amistades, oportunidades, se le cierran las puertas y
La ingratitud consiste en olvidarse del pasado. Al reconocer esto nos percatamos que no somos tan ingratos como pensábamos. En Deut. 32:1-29 podemos ver el cantico de Moisés como Israel fue ingrato con Dios. Por esto Moisés les dice en el versículo 7 “Acuérdate de los tiempos antiguos”.
Ellos con su ingratitud menospreciaron que Dios que los había hecho ricos, que ya no les sufrían a los egipcios los castigos de la esclavitud. vs. 10-15. Pero a pesar de esto, ellos abandonaron a Dios. En su ingratitud se apropiaron para sí mismos el reconocimiento que otros merecen. Se jactaban de lo que habían logrado sin darse cuenta de que hubiera sido imposible haberlo hecho sin la ayuda de otros. Dijeron: “Nuestra mano poderosa ha hecho todo esto”. v. 27. *Nabucodonosor. Dan. 4:28-31 Un buen ejemplo de esta necedad.
Como consecuencia vemos que la ingratitud de ellos encendió la ira de Dios. Dios les dice que su ingratitud:
1) Es insensatez. v. 29
2) Son un pueblo loco. v. 6
3) Ignorante. v. 6
4) Privado de consejos. v. 28
5) No hay en ellos entendimiento. v. 28
6) Mueve a Dios a celos. vs. 21-22. Hay pocas cosas que provocan su ira como la ingratitud, porque Dios es un Dios celoso. Deut. 6:15.
7) Finalmente Dios castiga a su pueblo cuando son ingratos. vs. 23-26
Todos estos son los peligros de la ingratitud. Quieres quedar en la soledad, quieres ser castigado por Dios, quieres que tu prosperidad se detenga. No hagas las cosas como para el hombre ingrato sino como para Dios.
Para finalizar. Aquí hay el último ejemplo de como Dios espera que si el hizo algo por nosotros, así también en gratitud a Dios, nosotros también hagamos lo mismo. Si no se encenderá su ira.
Mateo 18:23-35Nueva Traducción Viviente (NTV)
23 »Por lo tanto, el reino del cielo se puede comparar a un rey que decidió poner al día las cuentas con los siervos que le habían pedido prestado dinero. 24 En el proceso, le trajeron a uno de sus deudores que le debía millones de monedas de plata.[a] 25 No podía pagar, así que su amo ordenó que lo vendieran —junto con su esposa, sus hijos y todo lo que poseía— para pagar la deuda.
26 »El hombre cayó de rodillas ante su amo y le suplicó: “Por favor, tenme paciencia y te lo pagaré todo”. 27 Entonces el amo sintió mucha lástima por él, y lo liberó y le perdonó la deuda.
28 »Pero cuando el hombre salió de la presencia del rey, fue a buscar a un compañero, también siervo, que le debía unos pocos miles de monedas de plata.[b] Lo tomó del cuello y le exigió que le pagara de inmediato.
29 »El compañero cayó de rodillas ante él y le rogó que le diera un poco más de tiempo. “Ten paciencia conmigo, y yo te pagaré”, le suplicó. 30 Pero el acreedor no estaba dispuesto a esperar. Hizo arrestar al hombre y lo puso en prisión hasta que pagara toda la deuda.
31 »Cuando algunos de los otros siervos vieron eso, se disgustaron mucho. Fueron ante el rey y le contaron todo lo que había sucedido. 32 Entonces el rey llamó al hombre al que había perdonado y le dijo: “¡Siervo malvado! Te perdoné esa tremenda deuda porque me lo rogaste. 33 ¿No deberías haber tenido compasión de tu compañero así como yo tuve compasión de ti?”. 34 Entonces el rey, enojado, envió al hombre a la prisión para que lo torturaran hasta que pagara toda la deuda.
35 »Eso es lo que les hará mi Padre celestial a ustedes si se niegan a perdonar de corazón a sus hermanos.
Oremos para que dediquemos nuestra vida completa con sus esclavos en servicio a Dios, como muestra de estar verdaderamente agradecidos que nos ha hecho ricos, nos ha sanado, salvado, perdonado, es lo menos que podemos hacer.
Hay una historia de un pastor, estaba tan agradecido con Dios que le pidió morir predicando. Cuando ya era muy anciano, un domingo, estaba predicando y allí en el altar, se desvaneció, cayó muerto pero con una cara de mucha felicidad. Nunca abandonó el ministerio, nunca se rindió. Dios le concedió que le sirviera hasta el último momento.
Vamos a orar.
Gracias Padre por tu palabra, ayúdame a ser agradecido contigo, quiero como la mujer que te ungió, amarte siempre, quiero como eses pastor, servirte siempre, hasta el último día de mi vida. Quiero ser agradecido contigo, no quiero ser como Judit y Basemat, tampoco como los 9 leprosos sumergidos en los ritos y la religión, si no como el leproso samaritano que volvió a ti, no quiero ser como Israel que te pagó mal el bien que les hiciste de hacerlos libres y llevarlos a una tierra que mana leche y miel. No quiero ser como ese hombre que le perdonaste la deuda millonaria y el no quiso perdonar a otro que le debía apenas miles de monedas. No quiero encender tu ira. Ayúdame a ser agradecido con todo y cada una de las personas que me han hecho bien. No basta con solo dar las gracias, debo mostrar agradecimiento a los beneficios y favores recibidos pagándoles con mi ternura, dedicación, con no olvidar lo que han hecho por mí, con tratar de devolver algo, si tú me lo permites y me ayudas te lo agradeceré. En el nombre de Jesús, amén y amén.