“¿Que son las obras muertas de Hebreos 9:14?”

 

13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los contaminados, santifican para la purificación de la carne, 14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?
Quiero comenzar esta interpretación recordando que nuestra carne produce obras, que se llaman las obras de la carne, u obras muertas, cuando andamos en la carne. Si revisamos en otras versiones, se les dice, “obras de la muerte”, “malas acciones”, “dejemos de hacer lo malo”. Pero hay otras obras que si andamos en el Espíritu, él produce las obras que son el fruto del Espíritu Santo, que son “las obras del Espíritu”. Estas son las que aprovechan como alimento para nosotros. Además por la obediencia son las que nos acercan a Dios. También cuentan como riquezas o tesoros que acumulamos en el cielo. Unas son las oraciones que se acumulan en vasijas, nos pondrán en un puesto en el cielo de más o menor honra, así como también son los materiales que mandamos para la construcción de nuestras casas.
La biblia nos compara espiritualmente con “odres” donde se guarda vino nuevo o viejo, con “cisternas” donde se guarda el agua de la lluvia temprana y tardía que Dios manda. También añade que estamos vestidos con “vestiduras blancas, limpias y nuevas” con un “terreno fértil”, que somos “hacedores de tesoros en el cielo”, también con una “buena vista, o visión” porque su ojo tiene muchas luz, etc., y más.
¿Hay alguna advertencia bíblica con estas cosas?
Si la hay. Es para los cristianos carnales. Ejemplo. Sí hay un cristiano carnal que anda haciendo las obras de la carne, que son acciones pecaminosas. En el mejor de los casos no estará haciendo nada para Dios, sino perdiendo el tiempo y desparramando, y se lo va a demandar. En el peor de los casos entonces producirá corrupción y obras de muerte que lo harán morir más rápido, y se lo va a demandar.
¿Por qué lo hace?
Según la palabra de Dios, lo está haciendo porque tiene su odre roto, para cuando recibe vino nuevo se le escapa y se le desparrama, entonces no está aprovechando bien el vino que recibe de Dios. Lo mismo con su cisterna rota, que bota el agua que recibe, no la puede guardar. De igual manera con las vestiduras, estarían, sucias, estrujadas, manchadas viejas, de vergüenza y no se les puede poner un remiendo nuevo porque se romperían rápidamente con el uso.
Para mejor ilustración, cuando un cristiano tiene roto su odre, vestido, o vasija, es decir, cuando está contaminado por el pecado, no funciona al 100 % bien. A modo de más ilustración, es como si un motor de un carro o coche nuevo de 4 pistones esté funcionando solo con 3 o dos. Es decir, en vez de dar el 100% de su fuerza, por toda la potencia de todos sus caballos de fuerza, únicamente esté funcionando al 60%, o peor al 30%. Es una lástima que un coche nuevo funcione defectuosamente, al percatarse el dueño inmediatamente lo mandaría a la agencia, en donde son expertos para que lo dejen funcionando a cabalidad y con toda su capacidad.
Pues exactamente pasa lo mismo cuando un cristiano que tiene el Espíritu Santo, deja entrar el pecado y lo atesora. El pecado va a hacer que se desvíe de su “fuerza espiritual”, “propósito” “camino”, “visión”, “potencial”. Lo distraerá poco a poco y de tal manera que, afectará su tiempo de oración que es donde tiene comunión con Dios. También sería como si al coche le desinflaran algunas llantas, de seguro no podría correr, tendría que ir muy despacio.
De la misma manera cuando un cristiano peca, el pecado hace que vaya despacio porque lo ataranta con estupor, es decir lo embrutece o incapacita espiritualmente, esto mismo produce ceguera al propósito de Dios.
Por tanto, consideremos entonces que:
Tiene a Dios pero siempre tiene el pecado.
Dios lo sostiene, pero el cristiano anda caído, su espíritu está listo, pero su carne es débil, entonces sus obras, las que hace, son producto de su carne y media ceguera espiritual, más no son el 100% del Espíritu Santo, que siempre está ahí, adentro de él, y es quién lo detiene de no caer más abajo. Entonces en vez de dar 100, 90, 80% de fruto para Dios, nomás da 60%, y esto no agrada a Dios.
Conforme se aleja de la oración y presencia de Dios, en vez de dar 80% que era lo que antes daba, ahora producirá 70, 60 y hasta 50%, y esto no agrada a Dios. Podemos ver que va menguando su fuerza. Además, ha dejado de alimentarse, ha dejado de hacer las obras de Dios, entonces hace iniquidad, ha dejado enviar incienso a su vasija en el cielo, ha dejado de ganar puntos con Dios, y sembrar en la cuenta de cielo, ha dejado de hacer tesoros en el cielo, ha dejado de enviar materiales para la construcción de su casa en el cielo.
Pero luego si persiste en el pecado, entonces ya no da el 50% sino da el 45, 40 y 30%, o menos que eso, ha llegado al mínimo, y esto no agrada a Dios. Está a punto de irse completamente para el mundo y para el infierno de fuego si Dios no tiene misericordia de él.
Aquí hay un peligro, porque Dios quién es el que siempre exige más fruto, Dios quien poda a sus pámpanos, hará algo. O le da un odre nuevo para echar vino nuevo, o repara su vasija, o lava su vestido con su gracia, o riega su terreno mandando la lluvia tardía para regarlo y que dé más fruto, o lo enferma para detenerlo y peor, podría hasta enfermar y morir.
Si se reconcilia con Dios va a ir al cielo o paraíso, pero será un ciudadano celestial pobre, sin casa, sin muchos tesoros en el cielo, y probablemente verá a Cristo pocas veces, o sino nunca, aunque esté en el cielo. Lamentaría no haber hecho más cuando estuvo en la tierra. Este es el resultado de las obras de muerte que habla la Biblia. Ahora vemos mejor, el fruto, que ha producido en todo este tiempo, es fruto de la carne, y no del Espíritu, es fruto de obras muertas, u, obras de la muerte.
Las obras vivas son las que Dios califica de vivas y buenas, dando testimonio a nuestro corazón que son de él, las que no son quebrantamiento de los 10 mandamientos, llamado también iniquidad.
Podremos engañarnos golpeándonos el pecho, o llenándonos la boca diciendo que somos o que hemos hecho más allá por nuestro prójimo, pero a decir verdad, Dios sabe si somos mentirosos o no, si hemos trabajado arduamente o si hemos sido indolentes.
La Biblia dice que si no damos la medida establecida por Dios, vamos para el infierno. Dios nos mide frente a su santa ley, los 10 mandamientos. Esa medida no puede ser quebrantada, cuando fallamos cristo la cumple por nosotros para que lleguemos a la medida, él es nuestro substituto frente a Dios.
Así que este asunto debe ir quedando muy claro, y si constantemente estamos haciendo las obras de muerte, y no cambiamos y así morimos, no esperemos que Dios nos abra las puertas del cielo, sino las del infierno, que es castigo por la eternidad. Allá únicamente van a para las personas que no hicieron la voluntad de Dios sino la de sus carnes corruptas y contaminadas por el pecado. Pregunto. ¿ESTAS HACIENDO LAS OBRAS DE VIDA, O LAS OBRAS DE MUERTE?
Pero también, Dios nos da su Espíritu Santo para que nos ayude a dar la medida de Dios. La medida que Dios quiere es del fruto del Espíritu Santo. El Espíritu Santo nunca se cansa y para él no es suficiente lo que ya se hiciste con él, porque ciertamente cuando hay fruto del Espíritu las fuerzas siempre son renovadas, por tanto las obras son nuevas y efectivas, que se vuelven hacer una y otra vez. Por esto Dios demanda más fruto de nosotros, porque Dios pone ese fruto en el corazón, él hace que lo hagamos, nos convence que es necesario hacerlo, porque es su justicia, es decir lo recto que él quiere que procedamos.
Quiero que te quede bien claro esto querido hermano hermana.
Entonces para Dios, allí no existe él ya me rendí, sino el:
—Sí Señor, lo haré. Sí Señor su majestad, también haré más si es necesario. Además Señor mí Dios, y si tú me lo vuelves a pedir, ten por seguro que volveré a hacer aquello que quieres que haga, cuantas veces quieres que lo haga.
Entonces, si ya nos cansamos físicamente la pregunta es. ¿Señor, y ahora que quieres que haga? Señor, yo ya me cansé pero tú no, entonces dime que quieres que haga, y dame las fuerzas, y yo iré a hacerlo.
Por esto podemos ver que los grandes hombres de Dios, hicieron y lograron cosas imposibles. Esta es la razón por la que Dios nos responsabiliza por lo que no podemos hacer, porque con él si podemos, porque él está para ayudarnos a que lo podamos hacer todo lo que para nosotros es difícil e imposible.
Es fácil y sencilla esta verdad. Si tú mandas a tu hijo pequeño a que se suene la nariz, no quieres que te conteste: ¡no puedo!, ¡no tengo con qué! porque ¡no tengo pañuelo, ni servilletas! etc. Si él no sabe cómo hacerlo, tu igual se lo demandas. ¡Tú!, la respuesta que esperas oír es:
De acuerdo papá, mamá, dame un pañuelo, o servilletas, y si no hay, enséñame como sonarme sin nada de eso porque yo sé que tú siempre sabes la respuesta correcta ya que eres adulto y yo un niño.
Te aseguro que tú, muy contento y gustosamente procedes a ayudarle. Pero no quieres que te diga no puedo porque no tengo con qué, habiendo tantas maneras que si no las sabe tú hijo, estás allí y eres su padre responsable que está presto a auxiliarlo. Esto es exactamente la forma en que Dios habla, cuando está mandándote a hacer algo. El espera que tu respuesta sea:
—De acuerdo señor, ahora ayúdame, necesito que me enseñes como y que me des los medios y allá voy.
Te aseguro que de inmediato Dios te preverá directa o indirectamente lo necesario para que realices la tarea que te ha mandado a hacer. Si no te da nada siempre te lo exigirá porque habrá siempre alguna manera de ejecutarla con lo que anticipadísimamente te ha dado. Por lo tanto Dios siempre espera más de ti, y nunca es suficiente lo que has hecho, siempre espera que le pidas su ayuda para que hagas más obras.
En este sentido es que Dios demandará las obras del Espíritu Santo a los justos e injustos, buenos o malos, aprobados y reprobados, a los justificados y a los no justificados. A unos los pondrá a su izquierda, y a otros a su derecha, como el pastor hace con los cabritos y las ovejas al anochecer antes de ir a guardarlos. Dios demandará esas obras buenas de justicia de todos, pero unos estarán faltos e irán al castigo eterno, mientras en otros pocos, que son los de su derecha, en ellos sí serán encontradas estas obras, al 30%, al 60%, y al 100% y de la misma manera serán premiados según lo que hayamos hecho en la carne.
Quiero terminar con esto.
Si tu aún no te has arrepentido de tus pecados, si no has creído en Jesucristo Dios te puede limpiar de obras muertas, si le pides perdón de tus pecados y crees en la sangre de Jesucristo es suficiente para limpiarte de toda tu maldad.
Y si tú ya siendo cristiano estás haciendo las obras infructuosas de la carne que son obras muertas, no estas sembrando, y vas a cosechar poco, puede ser que el Señor no te reciba en el cielo porque significa que andas pecando, primero debes reconciliarte con Jesucristo, y creer en su sangre que puede limpiarte de esas obras, arrepiéntete y confiesa tus pecados y Dios que es bueno te recibirá con brazos abiertos, te dará tiempos de refrigerio.